Volver a pensar en grande


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“Tan rápido como las locomotoras será nuestro progreso en adelante”

Diario La Patria, Rosario 1863, con motivo del comienzo de las obras de tendido de rieles entre Rosario y Córdoba, para conectarlas con el Ferrocarril Central Argentino.

Desde que volvimos a Rosario en 2010 la realidad de la ciudad no paró de empeorar. Hoy parece un recuerdo lejano el “orgullo rosarino” por el progreso sostenido, que tanto le impactó a Euge cuando llegamos y le hizo escribir este hermoso post.

Hay en este momento entre los rosarinos un gran pesimismo. Se palpa en la calle y en las charlas de café. El consenso es que los problemas que enfrenta la ciudad – la inseguridad, en narcotráfico y la pobreza – son extremadamente difíciles de resolver. La ciudadanía parece enfrentar una tormenta perfecta que la supera en su capacidad de reacción. No se visualiza un liderazgo capaz de abroquelar el talento y la decisión necesarios para encarar una solución, y por eso la mayoría piensa que el futuro será peor que el presente.

Frente el desaliento es bueno recordar que la ciudad ya hizo antes cosas increíbles. Si hubo un megaproyecto visagra en el desarrollo de Rosario fue la concreción del Ferrocarril Central Argentino (FCCA) en 1870. Para la época fue una revolución: el primer tren de larga distancia de la Argentina, el primero en conectar a dos provincias. El trasporte de mercaderías y personas fue un boom para la economía de la región. Además su efecto multiplicador se ve todavía en la gran cantidad de instituciones a la que dió vida gente vinculada al ferrocarril: clubes como Newells, Central, Central Córdoba y Plaza Jewell, los barrios Fisherton y Refinería, las iglesias Anglicana y Metodista, el Hospital Ferroviario y el Colegio Inglés, entre tantos otros. Rosario nunca más fue la misma.

Ahora que necesitamos volver a torcer la historia…¿Podemos pensar en grande como lo hacían aquellos visionarios?

Consideremos un segundo la magnitud del desafío que esta gente se planteaba.
Urquiza, con la influencia de Alberdi, quería conectar el Altántico con el Pacífico, y esa era una visión compartirda con el empresario ferroviario americano William Wheelwrigth. Ambos pensaron al FCCA entre Rosario y Córdoba como una primera etapa, que luego se continuaría con un tren trasandino. Era el año 1860, al canal de Panamá le faltaban más de 50 años para ser inaugurado. ¿Se dan cuenta? Una locura total…y la hicieron realidad!

Nosotros tuvimos en Wheelwright a nuestro Henry Ford o Sergey Brin: un tipo que se planteó lo impensado, “mandar un cohete a la luna”, y lo concretó. Tuvo el apoyo de un gobierno que creyó en el proyecto y creó las condiciones necesarias.

Ya sabemos entonces lo que se necesita: visionarios que quieran cambiar el mundo, y la colaboración público-privada para crear los incentivos adecuados. ¿Seremos capaces de recrearlo, y torcer el rumbo hacia una Rosario sin violencia ni drogas ni pobreza? Yo sueño que sí, pero necesitamos que aparezcan los Wheelwright de mi generación. Tipos que están convencidos que el futuro está ahí para ser creado, a fuerza de imaginación y tecnología.

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