Vacunas y altruismo


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 ¿Puede ser que en 2015 las vacunas sean un tema de debate? Lamentablemente, sí. En mi cabeza pro ciencia es difícil de procesar, por eso estuve leyendo al respecto, para entender de dónde vienen los cuestionamientos.

Resulta que hay dos temas. Uno es, obviamente, ciencia fallida. Se publicó en 1998 en Lancet, un Journal médico muy prestigioso, un estudio que reportaba relación entre la vacuna tripe viral con el autismo. Al poco tiempo se demostró que era todo falso y el Lancet retiró el paper. Pero claro, el link vacuna-autismo ya estaba establecido, y fue reforzado por muchos médicos con endeble preparación, y por un público muy proclive a sostener en teorías conspirativas con las empresas farmacéuticas.

Pero al mismo tiempo que encontré el origen del meollo, entendí que el verdadero problema no es de comprensión intelectual o pensamiento pre-científico. El que no vacuna a sus hijos, además de perjudicarlo al niño, demuestra una falta total de solidaridad con el prójimo.

He aquí la segunda cuestión: detrás del funcionamiento de las vacunas hay un principio altruista. Se sostiene en un concepto de la ciencia llamado inmunidad de grupo, o herd immunity en inglés. Jerome Groopman hace un review de dos libros recientes sobre el tema de las vacunas, y uno de ellos, On Immunity, lo explica muy bien:

If we imagine the action of a vaccine not just in terms of how it affects a single body, but also in terms of how it affects the collective body of a community, it is fair to think of vaccination as a kind of banking of immunity. Contributions to this bank are donations to those who cannot or will not be protected by their own immunity. This is the principle of herd immunity, and it is through herd immunity that mass vaccination becomes far more effective than individual vaccination.

O sea, la mayoría que se vacuna protege a una minoría que está indefensa y sin vacunas, ya sea cuestiones de pobreza, acceso o por ser recién nacidos, por ejemplo.

Cuando padres con nivel educativo suficiente para entender esto, y medios a su alcance para vacunar a sus hijos, no lo hacen, están rompiendo con esta cadena virtuosa. Saben que es improbable que sus hijos corran peligro, gracias a la actitud responsable de la mayoría. Hacen un free riding de la comunidad donde viven.

Por eso, cuando la próxima se encuentren justificando la “obligación” de vacunar, si la ciencia por un prejuicio supersticioso no es aceptada, recurran a uno de los puntales de la vida en sociedad: la solidaridad con el otro. 

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