Como Lu es fan de los viajes en tren no quisimos perdernos de la experiencia en un tren chino. Así que decidimos hacer el trayecto de X´ian a Shanghai en locomotora nocturna. Partimos de X´ian a las 5 de la tarde y llegamos a Shanghai a las 9 de la mañana siguiente.
Hay distintos tipos de trenes en China dependiendo de las distancias a recorrer y ciudades a conectar, pero la mayoría tienen tres o cuatro clases distintas. Camarotes con cama para cuatro personas, camarotes con camas para seis personas, asientos y un área sin asientos.
En el hostel de Beijing conocimos un chico argentino que había viajado 20 horas parado. Tremendo. Después de escuchar la historia de Emiliano decidimos pagar unos yuanes más y sacar tickets para camarotes de a cuatro. Compartimos nuestro “camarote” con un chino y una china muy educados y respetuosos y el viaje resultó sorprendentemente relajado, confortable y a través de unos paisajes espectaculares.
El video muestra nuestro “camarote” y las facilidades del tren
“He who has not climbed the Great Wall is not a true man”
Mao Zedong
Durante la estadía en Beijing dedicamos un día a visitar La Gran Muralla China. Construida hace 2,000 años atrás en la parte norte del país para defender el imperio chino de invasiones extranjeras, la pared tiene una extensión de 8,800 kilómetros. La construcción se realizó en diversas etapas durante la dinastía Qin y la Ming y requirió el esfuerzo de cientos de miles de trabajadores, muchos de los cuales eran priosioneros políticos.
La leyenda dice que para construirla se utilizaron todo tipo de materiales e inclusive huesos de los prisioneros que morían trabajando en la construcción. También se dice que nunca cumplió con el objetivo de defender el país sino que se la utilizó más bien como una manera de transportar gente, armas y equipamiento a través de las montañas. Actualmente la muralla sigue viva gracias al turismo que trae más de 10 millones de visitantes por año. La pared está dividida en distintas secciones siendo Badáling la más turística. Nosotros recorrimos la sección de Mutiányu.
La verdad que impresionante La Gran Muralla. Increíble pensar que hace 2,000 años atrás los chinos levantaron una pared más extensa que la distancia que hay entre Buenos Aires y Boston, no?
El pabellón argentino está ubicado en la parte oeste del predio de la EXPO Shanghai, por lo que es necesario caminar casi toda la feria para llegar a visitarlo. Hace casi un año y medio que no piso Argentina y estoy ansiosa de recorrerlo y ver qué le queremos mostrar al mundo y a los 1.3 billones de chinos que cada vez tienen más capacidad de compra y acceso al turismo internacional.
Me imagino que va a hablar de Buenos Aires, de las Cataratas del Iguazú, de los Glaciares y de las Bodegas en Mendoza. Además de promocionar la carne y el Malbec y quizás también costumbres como el mate o personajes como Borges, Gardel o el Che Guevara. Me imagino que empresas como Arcor o Techint incluso aparezcan en el pabellón o que quizás promocionemos a la Agroindustria como un sector de alto desarrollo en el país.
Cuando lo veo a lo lejos me pongo contenta, el diseño color madera se ve a la vez típico y moderno. Me acerco para entrar, esperando que algún chico argentino me reciba en la puerta con un saludo de bienvenida como después me pasó en el pabellón de Chile, Dinamarca, Israel y España. Sin embargo, en lugar de un argentino hay dos chinos recepcionistas que me miran callados mientras entro.
El lugar es rectangular y tiene una especie de escenario en el centro donde se anuncia que en algunos minutos va a haber un show de tango. En dos de las cuatro paredes se proyectan imágenes de una argentina color sepia mostrando paisajes por región y algunas imágenes de fútbol. Parece haber un auditorio que está cerrado y también hay un restaurant típico.
Doy una vuelta más en búsqueda de más contenido pero nada. Se me estruja un poco el corazón. Pienso en los chinos que conocí en el viaje, que no sabían dónde quedaba Argentina o qué idioma hablábamos y me parece que no hay manera de que lo poco que se ve en el pabellón les haga algún tipo de sentido. No solo no hay nada escrito con datos concretos, cuántos habitantes, idioma o dónde está Argentina en el planisferio… sino que los videos parecen haber sido hechos para un programa de Siglo XX Cambalache y reciclados para la ocasión, nada atractivos al ojo humano.
A los dos minutos empieza el show de tango que resulta ser, a mi ojo inexperto, muy bueno. Me doy cuenta de que hay tres argentinos que son parte del stand del pabellón porque uno de ellos grita “BRAVO! BRAVO!!!!” para dar por concluido el show y veo que tiene una identificación que lo presenta como staff del stand. Los chinos aplauden furiosos, parece que disfrutan del espectáculo, pero el show termina y la mayoría se va, sin mucho más para hacer en un pabellón que no se entiende bien qué quiere mostrar o a qué vino a la exposición.
Me quedo triste, pensando no sólo en cómo desaprovechamos las oportunidades sino cómo además generamos una imagen negativa. El pabellón le cuesta al gobierno (o sea, a vos y a mí), 6 millones de dólares. Los tres argentinos que están en el stand vestidos de jeans y zapatillas, no solo no hacen un trabajo de promoción sino que tampoco nos prestan mucha atención o nos dan información cuando con Lu nos acercamos a hablarles.
Me frustro un poco más cuando visito el pabellón de Brasil y más tarde el de Chile.
El pabellón de Brasil tampoco tiene brasileros dándome la bienvenida, pero sí tiene pantallas touch screen que muestran fotos del país junto con información súper didáctica en inglés y en mandarín, que a los chinos les parece encantar porque están todos agolpados en las pantallas y yo tengo que esperar un rato para poder verlas. La información es interesante y educativa, no solo muestra datos básicos sino también habla de avances tecnológicos. Está sponsoreado por VALE, la empresa brasilera minera con operaciones globales y también hay imágenes que auspician las ciudades donde se va a jugar el Mundial 2014 y las Olimpíadas del 2016.
Pabellón de Brasil en la Expo
El pabellón de Chile queda a unas cuadras. Cuando entro una chica chilena uniformada con ropa que indica que es parte del staff del lugar me ve cara “no china” y me recibe con un “hola” alegre y un “de dónde sos?” antes de darme la bienvenida a su pabellón con gran orgullo. El pabellón chileno me parece de otro nivel desde que entro. Hay una tropa de chilenos uniformados durante todo el recorrido que me asisten, me guían y me responden preguntas sobre el país. Cada chileno tiene un chino al lado, para poder responder preguntas en mandarín, español o inglés sin inconvenientes.
El lugar me resulta muy bien logrado pero algo abstracto hasta que llego a la parte final y encuentro una mega pantalla touch screen con información sobre el país, las distintas ciudades, la cultura y las industrias. Me acerco a una de las chicas y me cuenta que Chile entrenó y mandó 40 chilenos a trabajar al stand durante 6 meses para asistir a los visitantes. Camino un poco más y me choco con una gran exhibición de vinos y con un stand donde se puede tomar una copa y saborear una empanada.
Exhibición de vinos en el pabellón chileno
Le pregunto a Lu si las empanadas no eran argentinas y decidimos ahogar la frustración con el Cabernet chileno que sabe 10 puntos. Cantamos “Bingo” cuando dos chilenos de la Asociación “Wines of Chile” nos vienen a saludar. Nos cuentan cómo negociaron durante un año con los organizadores de la EXPO para poder importar los vinos a China, exhibirlos y venderlos en la Exposición. También nos cuentan cómo la Asociación representa a TODAS las bodegas chilenas.
Terminamos el recorrido cuando el Director del Pabellón chileno vestido en un traje impecable se nos acerca, presenta y saluda, antes de disculparse porque necesita seguir acompañando a la delegación mexicana a la que le estaba mostrando el lugar.
Ninguna de las expectativas que tenía hace una hora sobre el pabellón argentino se cumple. No hay buen contenido, no hay Malbec, y aunque los “organizadores” se dan cuenta que soy argentina hacen como que no me ven. Además me doy cuenta que no es necesario ser Dinamarca, China o Inglaterra para poder informar con seriedad o darle una cálida bienvenida a los visitantes. En fin, el argentino me parece un pabellón muy poco serio, poco responsable. Los argentinos del pabellón parecen tener más ganas de irse que de estar ahí y dar a conocer el país. Me quedo triste.
En menos de un mes vuelvo a Argentina después de unos años de estar afuera. Ojalá pueda poner mi grano de arena en trabajar por un país un poco más serio.
Este es el video que filmé en el pabellón argentino. Lu dice que el pabellón parece mejor de lo que en realidad era. Creo que tiene razón. No filmé el de Brasil ni el de Chile, donde se puede comparar mejor las diferencias, pero intenté incluir links y algunas fotos.
La primera vez que leí sobre la EXPO Shanghai fue en Boston. Planificando el viaje, Lu me contó que se organizaba una exposición en Shanghai que empezaba en Mayo y parecía interesante. Decidimos aprovechar la estadía en la ciudad para visitarla, aunque hasta el momento ninguno de los dos sabía exactamente de qué se trataba y el nivel del evento.
La EXPO Shanghai es básicamente una feria internacional donde cada país que participa tiene un stand o “pavellón” en el que exhibe información de su país y lo “vende” a los visitantes de la exposición. Resulta que hay una historia de EXPOs y que este tipo de ferias se organizan aproximadamente una vez cada tres años en países desarrollados. Las dos anteriores se hicieron en España en el 2008 y en Japón en el 2005. Dato de Color: la torre Eiffel se construyó como el arco de entrada de la feria internacional que se realizó en Paris en 1889.
Apenas llegamos a Beijing nos dimos cuenta del tamaño de la exposición, auspiciada en cada rincón de la ciudad. Leímos en los miles de folletos repartidos por todos lados que China invirtió 4.2 billones de dólares solamente en el evento (el doble de lo que invirtió para los Juegos Olímpicos del 2008) del que participan 190 países del mundo, empresas y organizaciones mundiales y en el que esperan recibir 70 millones de visitantes durante los 6 meses de duración.
Shanghai también invirtió alrededor de 10 billones de dólares en preparar a la ciudad para recibir los visitantes de la EXPO. Pintaron edificios, construyeron autopistas, líneas de subtes nuevas, terminales en los aeropuertos, abrieron centenares de puestos de información sobre la feria y hasta entrenaron a taxistas en programas de inglés para que puedan ofrecer un mejor servicio a los turistas extranjeros.
Nosotros visitamos la exposición el Miércoles 5 de Mayo, cuatro días después de la inauguración. Llegamos al predio a las 12 del mediodía y nos fuimos a las 10 de la noche, habiéndola recorrido de la A a la Z. Lo que vimos nos dejó boquiabiertos e inmensamente sorprendidos. Los chinos levantaron una especie de ciudad de XX metros cuadrados con un nivel de organización que no vi ni en la feria de BioTecnología que se hizo en Boston en el 2007. Cada país invirtió además millones de dólares en la construcción de sus pavellones. Los de China, Inglaterra y Dinamarca eran obras de arte.
En fin, el evento tuvo una visibilidad y una exposición internacional que no había tenido ninguna otra feria anterior y China dio que hablar en todo el mundo. A la inauguración asistieron presidentes de 20 países distintos y revistas como The Economist sacaron al menos uno o dos artículos en los últimos tres números comentando sobre la EXPO. Estuvo espectacular recorrerla, visitar los pavellones de los países y ver la capacidad de diseño, planificación y ejecución que demostraron los chinos una vez más después de las Olimpíadas 2008.
Este es el video oficial que muestra imágenes del predio de la EXPO
Lo que hicimos para ver los Guerreros de Terracota en X´ian es una ilustración perfecta de la idiosincracia china y de lo que uno vive viajando por Asia. Así que aprovecho el tren de 15 horas camino a Shanghai para compartir la historia.
Nos preparamos para la excursión y a la salida del hotel le preguntamos a la conserje cómo llegábamos a la estación de tren desde donde salía el bus de una hora hasta los Terracota. En un chinglish sorprendentemente bueno, la chica nos sugiere que nos tomemos el colectivo 603 en frente del hotel que nos deja en la estación y que ahí pasemos al bus 5 hacia los Terracota. Perfecto.
Cruzamos y nos subimos al 603. Bastante bien. Íbamos un poco apretujados, transpirando los 30 grados de sensación térmica y perzo con el cuello un poco torcido porque todos los colectivos son más petizos que él, pero bien. De cuando en cuando le señalábamos la estación de tren marcada en el mapa al colectivero chino y nos repondía con sonrisas, así que tranquilos. A los 15 minutos llegamos a la estación. Excelente… primer viaje: “hassle free”.
La estación estaba atestada de gente, un hormiguero chino. Miramos un poco y encontramos la parada del 5. Como había tanta gente, no sabíamos cuántos estaban esperando el colectivo con nosotros. Pasan unos minutos, llega el colectivo y al menos 100 chinos se avalanzan para tomarlo. Nos miramos con Lu y nos imaginamos estrujados transpirando durante una hora de viaje. Imposible.
Nos acordamos que la Lonely Planet sugería tomar los Colectivos-Terracota, que salían del parking de la estación. Caminamos un poco y los encontramos con una leyenda que decía “Terracota Warriors Bus”. Perfecto. Nos subimos, le decimos al colectivero “Terracota Warriors?” y nos indica con una seña que nos vayamos a sentar. El colectivo arranca repleto, anda 45 minutos a 150 kilómetros por hora, esquivando autos y tocando bocina, hasta que empieza a hacer distintas paradas y a bajar gente.
Nosotros nos empezamos a inquietar… No iba directo a los Terracota? Nos tendremos que bajar ahora? Le volvemos a preguntar al colectivero “Terracota? Terracota Warriors?? Guerrero de Terracota???” El tipo nada. Increíble, no entendía la palabra Terracota. La única y principal atracción de Xi’an, no la entendía. Agarramos la Lonely, la abrimos en la página con la foto de los guerreros y se la mostramos. Dice “OK OK”, y nos hace una seña como de que falta un poco más.
Listo. A los 10 minutos se empiezan a bajar todos los que quedaban y nos hace señas de que también bajemos. Estábamos en el medio de una ruta, a una hora de la ciudad y no se veía nada a la redonda. Nos miramos preocupados. El tipo se baja con nosotros, nos lleva hacia otro colectivo que estaba parado levantando gente y nos hace señas de que subamos. Era una especie de híper mini van en la que fácilmente habría 60 personas. Yo le iba respirando en la nuca a la anciana que tenía adelante, todos transpirando, perzo con el cuello más doblado que antes.
La mini van va haciendo paradas en el camino. A los 15 minutos para en un lugar lleno de gente, con miles de vendedores ambulantes. Nosotros pensamos “debe ser acá”. Le preguntamos al colectivero “Terracota? Terracota Warriors?” y responde con sonrisa. “Listo, es acá, bajemos”. Nos bajamos, el lugar rebalsaba chinos y vendedores ambulantes. Nos acercamos a la caja para comprar los tickets, pagamos, y cuando estamos por entrar pensamos: “no era que los tickets costaban 90 yuanes cada uno en lugar de 40?”. Miramos la entrada y decía “Tomb of Qin Shi Huang”. Abrimos la Lonely y leemos “The Tomb of Qin Shi Huang is about 2 kilometers west of the Army of Terracota Warriors”. Pensamos “$!@$*” “*^#%^&!%^&$%”, “@#$%$%^”. Tremendo, el segundo colectivero tampoco entendía la palabra Terracota!!!!
OK. Vemos un taxi y perzo lo para. Abrimos la guía y le mostramos la foto de los Terracota para evitar confusiones. Le decimos “how much?”. Con las manos nos hace “10”. Listo, arriba, llevanos. Nos subimos al taxi. A los 15 minutos, avanzando a paso tortuga por el congestionamiento del tráfico, decidimos bajarnos y caminar lo que faltara. Le pagamos los 10 yuanes, nos bajamos y seguimos a las hordas de gente que caminaban. A lo lejos vemos un Terracota gigantezco… vamos todavía!!!!!! Llegamos.
Ahorro el relato de cómo fue la visita, pero en dos líneas, habría alrededor de cientos de miles de chinos visitando los Terracota con nosotros. Así que con mi altura se hacía difícil verlos. Alquilamos los Audio Guide para entender mejor de qué se trataba, pero el de perzo no funcionó, así que tuvimos que compartir el único que teníamos, auriculares a medias. Ni hablar de empujones, escupitajos, 30 grados de calor y miles de vendedores ambulantes queriéndonos vender la estatuita de recuerdo del guerrero de Terracota.
En fin, como ya nos había pasado otras veces en China, llegamos tan exhaustos a los Guerreros de Terracota, habiendo dejado todo en el camino para hacernos entender y saber dónde estábamos, que necesitamos al menos una hora de recuperación antes de empezar a disfrutar. Así que habremos estado 2 horas y media con los Terracota y a la vuelta perzo negoció con un taxista para que nos lleve directo al hotel.
Vos pensarás… “qué nabos, cómo no se dieron cuenta de que el lugar donde pararon no eran los Terracota”, pero la verdad es que era imposible darse cuenta. Sin NINGÚN cartel y nadie que entendiera la palabra TERRACOTA, creo que nos fue bastante bien. Nos tomó tres colectivos, un taxi y media hora de caminata para estar frente a los Guerreros. En Argentina mis compañeros del trabajo decían mucho “es un chino” para describir una situación complicada y a mi la frase me sonaba como despectiva y no me cerraba del todo. Ahora la entiendo perfecto.
Al que planee viajar a China, le recomiendo que lo haga después de visitar India, Vietnam o algún país “subdesarrollado”. Nosotros llegamos a Beijing después de haber viajado por Japón desde Tokyo hacia Hiroshima durante dos semanas… y el shock cultural, no pudo haber sido tan grande.
Con 15 millones y medio de habitantes, es difícil caminar por Beijing y que un chino no te lleve puesto. Muy difícil. Hay millones de chinos caminando desenfrenadamente, chocándose unos a otros todo el tiempo. Uno también camina por la ciudad cuidándose de que no lo choquen bicicletas, motos o “tuc-tucs”, que circulan indistintamente por calles y veredas, en mano y contramano tocando bocina sin interrupción.
Mientras que Japón es el paraíso del silencio y la armonía, la contaminación sonora de Beijing es inigualable. Las calles son un carnaval de sonidos. Los chinos de por sí son más gritones que los japoneses, pero a eso se le agregan otras cosas. En China la gente tiene la costumbre de escupir en la calle. Pero no con escupiditas discretas… No. Los chinos escupen con unos mega-escupitajos que se escuchan constantemente desde donde estés. Los sacan desde lo más profundo de su ser con gran técnica. Hombres, mujeres, nenes y ancianos lo practican con una naturalidad que da calambre. Tremendo, pero aunque muy volador, además de ser bastante asqueroso, uno se termina acostumbrando a escucharlo todo el tiempo.
Los vendedores ambulantes son otra especie en sí misma. Existen miles de puestitos en la calle vendiendo agua, frutas, helado, tés, CDs, una eternidad de souvenires y recuerdos y ropas. Son incansables. Te abordan de una manera que da miedo. Cuando ven una cara extranjera te gritan “jaló, jaló!” y empiezan el monólogo violento de venta, colaborando con el griterío constante.
O sea, caos. El equilibrio lo trae el alto grado de tolerancia. Ningún chino se indigna cuando otro lo choca o le escupe al lado, tampoco cuando las bicicletas y las motitos les pasan por encima, cuando se les colan en las filas, cuando están todos apretujados en el colectivo o cuando los vendedores los acosan. La tolerancia al quilombo es infinita y a mi me resulta admirable.
Y en el medio de todo el caos, no se ve mucha pobreza ni hay inseguridad. Hay muy poca gente pidiendo en las calles, y no hay ningún nene pidiendo. Hay una infinidad de gente por todos lados pero nunca te agarra paranoia por el robo o el cuidado de la cartera. Dice Lu que la explicación viene por el lado del crecimineto económico, que hace 5 años que es de más del 10% y determina que más del 80% de la gente esté satisfecha con su vida. En fin, a mi todavía me resulta un enigma que una sociedad tan desordenada pueda generar tanto crecimiento económico.
La verdad que recorrer China no es fácil, pero tener la oportunidad de vivirla a pleno, es impagable.
Acá un video que muestra el tráfico en una esquina de X´ian
Para el viajero independiente, sin una agenda fija ni actividades turísticas contratadas de antemano, tener un contacto local es muy importante.
No es indispensable que sea un amigo sino alguien hospitalario que tenga las ganas de ayudarte a descubrir su ciudad desde una perspectiva mas autóctona.
En China tuvimos la suerte de contar con Grace, un china nativa de Beijing sumamente simpática, alegre y generosa. A Grace la conocimos gracias a que nuestra amiga americana Lizzy nos puso en contacto unas semanas antes de llegar a China.
Grace se porto impecable con nosotros. La lista de sus atenciones es muy larga y voy a mencionar sólo algunas: nos fue a buscar al aeropuerto un domingo a la noche, nos compro un sim card para que podamos estar comunicados, nos llevó a probar comidas clásicas locales como el roast duck, los dumplings y pinchos asados, nos consiguió un conductor para ir a la muralla china, etc, etc, etc.
Aunque disfrutamos mucho de todas estas actividades, lo más interesate para nosotros fue poder compartir charlas con ella y sus amigas y acercarnos un poco más a la realidad china de todos los dias.
Grace tiene 32 años y refleja un poco como sienten y piensan los chinos que nacieron después de la muerte de Mao y de la revolución cultural. Esta generación de chinos vivió de lleno los años de crecimiento astronóminco que empezaron cuando Deng Xiaoping reformó y abrió la economía del país en 1978.
Grace esta orgullosa de ser China, y en especial de ser de Beijing. Se nota que ama a su ciudad y la ve con sinceridad como la mejor del mundo. Trabaja en la misma escuela hace 14 años como maestra de matemáticas de primer y segundo grado, y su empleo le permite vivir una buena vida y darse gustos, como viajar a Estados Unidos a visitar a su amiga Lizzy. Al igual que la gran mayoria de los chinos Grace está muy feliz con su vida y con como van las cosas en su país.
Para nosotros fue una gran sorpresa que no se sienta perjudicada por la censura del gobierno. Cuando le preguntamos por el bloqueo a facebook, youtube, blogs y otras páginas, nos miró como si estuvieramos haciendo un tema de algo irrelevante. Me pareció que Grace cree que la falta de ciertas libertades es un pequeño inconveniente, y que entre tanta pujanza económica pasa inadvertido. No lo dijo literalmente, pero en su respuesta intuí una idea que en argentino sonaría así: ‘mirá si con todas estas buenas noticas me voy a preocupar por esa pavada’. Es un trade off que por ahora los chinos están dispuestos a tolerar, aunque veremos que pasa cuando la bonanza aminore (lo cual no creo que sea pronto).
Hablar con Grace fue como abrir una pequeña ventana al mundo chino. Un mundo increíble que contaremos mejor en los siguientes posts.
Todo el mundo sabe que un síntoma clásico de las recesiones es que la gente empieza a comprar más segundas marcas. Pocos están dispuestos a pagar por productos premium, chau café en Starbucks, chau último modelo de zapatillas Nike, etc. En algunos paises la lucha de las marcas no es sólo con la recesión sino contra el aluvión de truchos que hay dando vueltas. En China estas son algunas de las ofertas del momento: