EXPO Shanghai 2010

Publicado el 14 de mayo de 2010 — 1 Comentario

[Por Euge]

220px-Shanghai_World_Expo_svg

La primera vez que leí sobre la EXPO Shanghai fue en Boston. Planificando el viaje, Lu me contó que se organizaba una exposición en Shanghai que empezaba en Mayo y parecía interesante. Decidimos aprovechar la estadía en la ciudad para visitarla, aunque hasta el momento ninguno de los dos sabía exactamente de qué se trataba y el nivel del evento.

La EXPO Shanghai es básicamente una feria internacional donde cada país que participa tiene un stand o “pavellón” en el que exhibe información de su país y lo “vende” a los visitantes de la exposición. Resulta que hay una historia de EXPOs y que este tipo de ferias se organizan aproximadamente una vez cada tres años en países desarrollados. Las dos anteriores se hicieron en  España en el 2008 y en Japón en el 2005. Dato de Color: la torre Eiffel se construyó como el arco de entrada de la feria internacional que se realizó en Paris en 1889.

Apenas llegamos a Beijing nos dimos cuenta del tamaño de la exposición, auspiciada en cada rincón de la ciudad. Leímos en los miles de folletos repartidos por todos lados que China invirtió 4.2 billones de dólares solamente en el evento (el doble de lo que invirtió para los Juegos Olímpicos del 2008) del que participan 190 países del mundo, empresas y organizaciones mundiales y en el que esperan recibir 70 millones de visitantes durante los 6 meses de duración.

Shanghai también invirtió alrededor de 10 billones de dólares en preparar a la ciudad para recibir los visitantes de la EXPO. Pintaron edificios, construyeron autopistas, líneas de subtes nuevas, terminales en los aeropuertos, abrieron centenares de puestos de información sobre la feria y hasta entrenaron a taxistas en programas de inglés para que puedan ofrecer un mejor servicio a los turistas extranjeros.

Nosotros visitamos la exposición el Miércoles 5 de Mayo, cuatro días después de la inauguración. Llegamos al predio a las 12 del mediodía y nos fuimos a las 10 de la noche, habiéndola recorrido de la A a la Z. Lo que vimos nos dejó boquiabiertos e inmensamente sorprendidos. Los chinos levantaron una especie de ciudad de XX metros cuadrados con un nivel de organización que no vi ni en la feria de BioTecnología que se hizo en Boston en el 2007. Cada país invirtió además millones de dólares en la construcción de sus pavellones. Los de China, Inglaterra y Dinamarca eran obras de arte.

DSC_0534

En fin, el evento tuvo una visibilidad y una exposición internacional que no había tenido ninguna otra feria anterior y China dio que hablar en todo el mundo. A la inauguración asistieron presidentes de 20 países distintos y revistas como The Economist sacaron al menos uno o dos artículos en los últimos tres números comentando sobre la EXPO. Estuvo espectacular recorrerla, visitar los pavellones de los países y ver la capacidad de diseño, planificación y ejecución que demostraron los chinos una vez más después de las Olimpíadas 2008.
 

Este es el video oficial que muestra imágenes del predio de la EXPO

Odisea China: Los Guerreros de Terracota

Publicado el 8 de mayo de 2010 — 4 Comentarios

[Por Euge]

DSC_0365

Lo que hicimos para ver los Guerreros de Terracota en X´ian es una ilustración perfecta de la idiosincracia china y de lo que uno vive viajando por Asia. Así que aprovecho el tren de 15 horas camino a Shanghai para compartir la historia.

Nos preparamos para la excursión y a la salida del hotel le preguntamos a la conserje cómo llegábamos a la estación de tren desde donde salía el bus de una hora hasta los Terracota. En un chinglish sorprendentemente bueno, la chica nos sugiere que nos tomemos el colectivo 603 en frente del hotel que nos deja en la estación y que ahí pasemos al bus 5 hacia los Terracota. Perfecto.

Cruzamos y nos subimos al 603. Bastante bien. Íbamos un poco apretujados, transpirando los 30 grados de sensación térmica y perzo con el cuello un poco torcido porque todos los colectivos son más petizos que él, pero bien. De cuando en cuando le señalábamos la estación de tren marcada en el mapa al colectivero chino y nos repondía con sonrisas, así que tranquilos. A los 15 minutos llegamos a la estación. Excelente… primer viaje: “hassle free”.

La estación estaba atestada de gente, un hormiguero chino. Miramos un poco y encontramos la parada del 5. Como había tanta gente, no sabíamos cuántos estaban esperando el colectivo con nosotros. Pasan unos minutos, llega el colectivo y al menos 100 chinos se avalanzan para tomarlo. Nos miramos con Lu y nos imaginamos estrujados transpirando durante una hora de viaje. Imposible.

Nos acordamos que la Lonely Planet sugería tomar los Colectivos-Terracota, que salían del parking de la estación. Caminamos un poco y los encontramos con una leyenda que decía “Terracota Warriors Bus”. Perfecto. Nos subimos, le decimos al colectivero “Terracota Warriors?” y nos indica con una seña que nos vayamos a sentar. El colectivo arranca repleto, anda 45 minutos a 150 kilómetros por hora, esquivando autos y tocando bocina, hasta que empieza a hacer distintas paradas y a bajar gente.

Nosotros nos empezamos a inquietar… No iba directo a los Terracota? Nos tendremos que bajar ahora? Le volvemos a preguntar al colectivero “Terracota? Terracota Warriors?? Guerrero de Terracota???”  El tipo nada. Increíble, no entendía la palabra Terracota. La única y principal atracción de Xi’an, no la entendía. Agarramos la Lonely, la abrimos en la página con la foto de los guerreros y se la mostramos. Dice “OK OK”, y nos hace una seña como de que falta un poco más.

Listo. A los 10 minutos se empiezan a bajar todos los que quedaban y nos hace señas de que también bajemos. Estábamos en el medio de una ruta, a una hora de la ciudad y no se veía nada a la redonda. Nos miramos preocupados. El tipo se baja con nosotros, nos lleva hacia otro colectivo que estaba parado levantando gente y nos hace señas de que subamos. Era una especie de híper mini van en la que fácilmente habría 60 personas. Yo le iba respirando en la nuca a la anciana que tenía adelante, todos transpirando, perzo con el cuello más doblado que antes.

La mini van va haciendo paradas en el camino. A los 15 minutos para en un lugar lleno de gente, con miles de vendedores ambulantes. Nosotros pensamos “debe ser acá”. Le preguntamos al colectivero “Terracota? Terracota Warriors?” y responde con sonrisa. “Listo, es acá, bajemos”. Nos bajamos, el lugar rebalsaba chinos y vendedores ambulantes. Nos acercamos a la caja para comprar los tickets, pagamos, y cuando estamos por entrar pensamos: “no era que los tickets costaban 90 yuanes cada uno en lugar de 40?”.  Miramos la entrada y decía “Tomb of Qin Shi Huang”. Abrimos la Lonely y leemos “The Tomb of Qin Shi Huang is about 2 kilometers west of the Army of Terracota Warriors”. Pensamos “$!@$*” “*^#%^&!%^&$%”, “@#$%$%^”. Tremendo, el segundo colectivero tampoco entendía la palabra Terracota!!!!

OK. Vemos un taxi y perzo lo para. Abrimos la guía y le mostramos la foto de los Terracota para evitar confusiones. Le decimos “how much?”. Con las manos nos hace “10”. Listo, arriba, llevanos. Nos subimos al taxi. A los 15 minutos, avanzando a paso tortuga por el congestionamiento del tráfico, decidimos bajarnos y caminar lo que faltara. Le pagamos los 10 yuanes, nos bajamos y seguimos a las hordas de gente que caminaban. A lo lejos vemos un Terracota gigantezco… vamos todavía!!!!!! Llegamos.

Ahorro el relato de cómo fue la visita, pero en dos líneas, habría alrededor de cientos de miles de chinos visitando los Terracota con nosotros. Así que con mi altura se hacía difícil verlos. Alquilamos los Audio Guide para entender mejor de qué se trataba, pero el de perzo no funcionó, así que tuvimos que compartir el único que teníamos, auriculares a medias. Ni hablar de empujones, escupitajos, 30 grados de calor y miles de vendedores ambulantes queriéndonos vender la estatuita de recuerdo del guerrero de Terracota.

En fin, como ya nos había pasado otras veces en China, llegamos tan exhaustos a los Guerreros de Terracota, habiendo dejado todo en el camino para hacernos entender y saber dónde estábamos, que necesitamos al menos una hora de recuperación antes de empezar a disfrutar. Así que habremos estado 2 horas y media con los Terracota y a la vuelta perzo negoció con un taxista para que nos lleve directo al hotel.

Vos pensarás… “qué nabos, cómo no se dieron cuenta de que el lugar donde pararon no eran los Terracota”, pero la verdad es que era imposible darse cuenta. Sin NINGÚN cartel y nadie que entendiera la palabra TERRACOTA, creo que nos fue bastante bien. Nos tomó tres colectivos, un taxi y media hora de caminata para estar frente a los Guerreros. En Argentina mis compañeros del trabajo decían mucho “es un chino” para describir una situación complicada y a mi la frase me sonaba como despectiva y no me cerraba del todo. Ahora la entiendo perfecto.

DSC_0346

Enigma Chino

Publicado el 6 de mayo de 2010 — 1 Comentario

[Por Euge]

 rubiks-cube

Al que planee viajar a China, le recomiendo que lo haga después de visitar India, Vietnam o algún país “subdesarrollado”. Nosotros llegamos a Beijing después de haber viajado por Japón desde Tokyo hacia Hiroshima durante dos semanas… y el shock cultural, no pudo haber sido tan grande.

Estuvimos en Beijing casi 5 días recorriendo la ciudad. Visitamos La Muralla, La Ciudad Prohibida, Tian´anmen Square, el Summer Palace, el Silk Market y la plaza Olímpica. Recorrimos barrios y restaurants y tuvimos una guía local. Hace unos días partimos y nos quedamos con la impresión de que Beijing es una especie de caos en equilibrio.

Con 15 millones y medio de habitantes, es difícil caminar por Beijing y que un chino no te lleve puesto. Muy difícil. Hay millones de chinos caminando desenfrenadamente, chocándose unos a otros todo el tiempo. Uno también camina por la ciudad cuidándose de que no lo choquen bicicletas, motos o “tuc-tucs”, que circulan indistintamente por calles y veredas, en mano y contramano tocando bocina sin interrupción.

Mientras que Japón es el paraíso del silencio y la armonía, la contaminación sonora de Beijing es inigualable. Las calles son un carnaval de sonidos. Los chinos de por sí son más gritones que los japoneses, pero a eso se le agregan otras cosas. En China la gente tiene la costumbre de escupir en la calle. Pero no con escupiditas discretas… No. Los chinos escupen con unos mega-escupitajos que se escuchan constantemente desde donde estés. Los sacan desde lo más profundo de su ser con gran técnica. Hombres, mujeres, nenes y ancianos lo practican con una naturalidad que da calambre. Tremendo, pero aunque muy volador, además de ser bastante asqueroso, uno se termina acostumbrando a escucharlo todo el tiempo.

Los vendedores ambulantes son otra especie en sí misma. Existen miles de puestitos en la calle vendiendo agua, frutas, helado, tés, CDs, una eternidad de souvenires y recuerdos y ropas. Son incansables. Te abordan de una manera que da miedo. Cuando ven una cara extranjera te gritan “jaló, jaló!” y empiezan el monólogo violento de venta, colaborando con el griterío constante.

O sea, caos. El equilibrio lo trae el alto grado de tolerancia. Ningún chino se indigna cuando otro lo choca o le escupe al lado, tampoco cuando las bicicletas y las motitos les pasan por encima, cuando se les colan en las filas, cuando están todos apretujados en el colectivo o cuando los vendedores los acosan. La tolerancia al quilombo es infinita y a mi me resulta admirable.

Y en el medio de todo el caos, no se ve mucha pobreza ni hay inseguridad. Hay muy poca gente pidiendo en las calles, y no hay ningún nene pidiendo. Hay una infinidad de gente por todos lados pero nunca te agarra paranoia por el robo o el cuidado de la cartera. Dice Lu que la explicación viene por el lado del crecimineto económico, que hace 5 años que es de más del 10% y determina que más del 80% de la gente esté satisfecha con su vida. En fin, a mi todavía me resulta un enigma que una sociedad tan desordenada pueda generar tanto crecimiento económico. 

La verdad que recorrer China no es fácil, pero tener la oportunidad de vivirla a pleno, es impagable.

 

Acá un video que muestra el tráfico en una esquina de X´ian

Contacto en China

Publicado el 4 de mayo de 2010 — 4 Comentarios

Para el viajero independiente, sin una agenda fija ni actividades turísticas contratadas de antemano, tener un contacto local es muy importante.

No es indispensable que sea un amigo sino alguien hospitalario que tenga las ganas de ayudarte a descubrir su ciudad desde una perspectiva mas autóctona.

En China tuvimos la suerte de contar con Grace, un china nativa de Beijing sumamente simpática, alegre y generosa. A Grace la conocimos gracias a que nuestra amiga americana Lizzy nos puso en contacto unas semanas antes de llegar a China.

Grace se porto impecable con nosotros. La lista de sus atenciones es muy larga y voy a mencionar sólo algunas: nos fue a buscar al aeropuerto un domingo a la noche, nos compro un sim card para que podamos estar comunicados, nos llevó a probar comidas clásicas locales como el roast duck, los dumplings y pinchos asados, nos consiguió un conductor para ir a la muralla china, etc, etc, etc.

Aunque disfrutamos mucho de todas estas actividades, lo más interesate para nosotros fue poder compartir charlas con ella y sus amigas y acercarnos un poco más a la realidad china de todos los dias.

Grace tiene 32 años y refleja un poco como sienten y piensan los chinos que nacieron después de la muerte de Mao y de la revolución cultural. Esta generación de chinos vivió de lleno los años de crecimiento astronóminco que empezaron cuando Deng Xiaoping reformó y abrió la economía del país en 1978.

Grace esta orgullosa de ser China, y en especial de ser de Beijing. Se nota que ama a su ciudad y la ve con sinceridad como la mejor del mundo. Trabaja en la misma escuela hace 14 años como maestra de matemáticas de primer y segundo grado, y su empleo le permite vivir una buena vida y darse gustos, como viajar a Estados Unidos a visitar a su amiga Lizzy. Al igual que la gran mayoria de los chinos Grace está muy feliz con su vida y con como van las cosas en su país.

Para nosotros fue una gran sorpresa que no se sienta perjudicada por la censura del gobierno. Cuando le preguntamos por el bloqueo a facebook, youtube, blogs y otras páginas, nos miró como si estuvieramos haciendo un tema de algo irrelevante. Me pareció que Grace cree que la falta de ciertas libertades es un pequeño inconveniente, y que entre tanta pujanza económica pasa inadvertido.  No lo dijo literalmente, pero en su respuesta intuí una idea que en argentino sonaría así: ‘mirá si con todas estas buenas noticas me voy a preocupar por esa pavada’. Es un trade off que por ahora los chinos están dispuestos a tolerar, aunque veremos que pasa cuando la bonanza aminore (lo cual no creo que sea pronto).

Hablar con Grace fue como abrir una pequeña ventana al mundo chino. Un mundo increíble que contaremos mejor en los siguientes posts.

Tokyo: Tsukiji Fish Market

Publicado el 4 de mayo de 2010 — 2 Comentarios

[Por Euge]

 DSC_0891

Una perla del recorrido por Japón fue el Tsukiji Fish Market de Tokyo. Nos levantamos a las seis menos cuarto de la mañana de un Jueves frío y lluvioso para ver cómo funcionaba en hora pico y valió la pena.

El Tsukiji es el mercado y mayorista de pescados más grande del mundo, se comercializan todos los días más de 2,000 toneladas de 400 variedades distintas de pescado. Se pueden ver toda clase de pescados frescos y a los “carniceros del pescado” gritando, vendiendo, ofreciendo y poniéndole fin a la vida de los que llegaron vivos al mercado. Impresionante. Acá va un videito.

Japón: the food lover’s paradise

Publicado el 3 de mayo de 2010 — 2 Comentarios

[Por Euge]

DSC_0757

Podría decirse que con Lu somos “foodies”. Nos gusta mucho disfrutar de la buena comida, de la buena bebida y de probar nuevos sabores. Japón nos deleitó con su cocina, con la variedad de opciones y cocciones. Probamos uno y cada uno de los platos tradicionales japoneses, salimos a la caza de restaurants recomendados y hasta nos fuimos por el día a Osaka a probar su cocina. Pero nos enamoramos del Ramen.

Acá va un videito donde explicamos un poco de qué se trata el Ramen y después Lu demuestra su habilidad comiendo con palitos chinos. Groso per!

Lost in Translation (versión Hiroshima)

Publicado el 28 de abril de 2010 — 2 Comentarios

[Por Euge]

lost-in-translation 

Hasta ayer veníamos bastante bien, el idioma no había sido un obstáculo. A fuerza de algo de inglés, señas y paciencia veníamos zafando. Pero ayer vivimos algo parecido a Bill Murray en Lost in Translation.

Decidimos buscar un buen restaurant para celebrar la última noche de nuestra estadía en Japón. Investigamos un poco, preguntamos en el hostel y encontramos el lugar perfecto para una buena cena. Lindo barrio, buen menú, bares cerca, 10 puntos.

Nosotros. Llegamos al restaurant y con la mano le hacemos a la moza que nos recibe la típica seña de la Victoria o la V, indicándole que somos 2 para cenar.

Ella. Responde con sonrisa, llevándose los dedos a la boca, como imitando la pitada de un cigarrillo.

Nosotros. Negamos con la cabeza respondiendo “no smoking, please”

Ella. Frunce el seño, mira como preocupada y dice… “guachimató, comorimará… wait-wait-wait!”

Y así empieza el espiral de refuerzo negativo.

Nos empezamos a poner nerviosos tratando de completar las frases que la moza luchaba por sacar de algún lado para tratar de explicarnos.

Nosotros. “Wait? Is there wait for the non-smoking area?”

Ella. Asiente, algo aliviada.

Nosotros. “How long?” Y le señalamos el reloj ante su mirada en blanco. No dice nada. “How long?”

Ella. Nada.

Nosotros. “Time? Time?” How much time preguntamos golpeándonos el reloj con el dedo.

Ella. “Oh Oh, ehhh ahh, acaricató… ehhhh ahh, acaricató”. Se señala su reloj.

Lu arriesga. “Ten minutes?”

Ella. Sonríe, asiente contenta. “Hi, Hi!”

Nosotros. Nos miramos como pensando, diez minutos no es nada, vamos al bar, pedimos algo y esperamos. Le levantamos el dedo pulgar en un “thumbs up!, no hay problema”, nos descalzamos imitando a todos los que estaban adentro, nos ponemos los pares de pantuflas que estaban en la entrada huérfanas y le decimos.

“Ehh… counter? Bar? Drinks?”

Ella. Nos mira perpleja. “Ehhh, coto-chomó, eto-domó, domo-chó domo chó… eh eh eh ahhh”. Y se va. Se va a buscar a la otra moza amiga en busca de ayuda. Se queda un rato con la amiga y vuelven las dos.

La amiga. Se arrodilla. Hace silencio, frunce el seño y dice. “Ehhh, ehh… caunter, counter FULL FULL – no-counter, no counter. Cotomó cho-gozaimás… ahhh”.

Nosotros nos miramos. “OK”. Nos quedamos esperando.

La moza la mira a la amiga moza y le sonríe. Nos mira a nosotros, la mira a ella y las dos se ríen. Se nos acerca, se arrodilla y nos saca de los pies las pantuflas que nos habíamos puesto diciendo, “ehhhh ehh, gotamachó-gotamachó ehhh. Shoes-NO, Shoes-NO”

Nosotros. Ok. Se ve que las pantuflas no eran para los comensales. Nos quedamos quietos ahí, con un poco de hambre, esperando, habían pasado 15 minutos.

Esperamos un rato más. De a rato nos mira, cabecea y sonríe. No se inmuta nada, ni un comentario. Esperamos otro rato, habría pasado otra media hora. Nos miramos con hambre y pensando cómo hacer para preguntarle si faltaba mucho sin embarcarnos en el mar de las señas mudas.

Yo me arriesgo y pensando que hablándole como tarzán nos iba a ir mejor, le digo. “Sorry. Do you know if time…long… for table”.

Ella mira perpleja, asustada. “Acomochó nagarachá eh eh ehhhhhhhhhhhhhhh”. Se va corriendo a buscar a otra amiga moza.

La agarra. Le cuenta. Espera. La otra le dice algo, le repregunta. Esperan. De golpe se deciden y vienen.

La otra. “Ehhh ehhhhhhhhhh”. Hace símbolo de fumar y dice “OK OK”.

Yo me empiezo a sonreir. “No, no, NO ME ENTENDISTE. Non smoking. No smoking. No fumador, sin fumar, cuánto tiempo, how long how long???”

La otra. Se calla, frunce el seño. Quiere decir algo y no lo dice. “Ehhhh, ahhhhhhhhhhh”.

Yo… me sale en medio de risas. “Dale decilo por Dios decilo. Time, falta mucho? Reloj, time, comer”.

Ella. “Acaricató chó, domo chó, icarito chó ahhhh, full fulllll counter full. Eating eating, no time”.

Yo riéndome. “Pero cuánto falta por el amor de Dios para la mesa. Con señas de llevarme un tenedor a la boca. Comer. Comer. Eat. Time. How long how longggggggggg?? Lo miro a perzo y me empiezo a reir”.

Ella trata con su mejor esfuerzo de decirnos algo que no sale. Y de vuelta el domo-chó. “Domo chó domo chó-counter full ehhh ahhh, no time no time”.

Yo. “No counter no counter. Table. How long for a TABLE T-A-B-L-E. Y me empiezo a morir de risa sin parar, con mucha tentación y se me empiezan a caer las lágrimas de la risa en una carcajada tremenda. Y la japonesa ahí, enfrente mío, tratando de hilar palabras inenteligibles. Mirándome como sin entender nada, seguía intentando, con cara de seria.

Perzo me dice que no da para más que me siga riendo así, pero yo no lo puedo cortar. La situación era tremenda.

En ese momento viene la moza original, nos dibuja un mapita de la calle, y nos señala otro restaurant para que vayamos. El mapita no se entendía nada, le intentamos preguntar cómo llegar y ella directamente le pide a alguien que nos acompañe.

Así que así terminó nuestra noche de ayer. Cenando pizza en un restaurant japonés-americano, con menú en inglés, con moza que hablaba inglés.

Intenso lo del idioma. Da impotencia cuando te dicen algo que no tenés manera de entender y no hay cómo darle la vuelta. También tremendo pensar las cosas de un país que uno se pierde por no conocer el idioma y por la dificultad de la interacción. Por suerte lo tuvimos a Kei en Tokyo, que nos ayudó mucho. En China nos espera Grace y en Thailandia Noi y Nuchi. Tendremos que ver como nos arreglamos después!

Top 3 japonés y una contradicción

Publicado el 24 de abril de 2010 — 1 Comentario

 

bow

Vuelvo al blog con un lista. A continuación va el top 3 de actos de civilidad que experimenté después de 10 días en Japón.

1- Respeto a los mayores. Situación: venimos viajando en colectivo y en una parada se suben como cinco viejitos todos juntos. Al instante se levantan de sus asientos cinco personas para dejar sus lugares, y no pasa mucho tiempo hasta que todos los asientos del bus son ocupados por ancianos. Tremenda verguenza me da recordar que en mi adolescencia era de lo mas normal que con mis amigos nos hicieramos los dormidos en la línea 144 para zafar de dar el asiento.
2- Cero vandalismo. En las ciudades hay muchísimas máquinas expendedoras de bebidas en la vía pública, casi una por cuadra. Todas funcionan, no tienen un rasguño, una escritura ni un abollón. Supongo que la ausencia de bandalismo me sorprendió a mi tanto como a un Japonés le sorprendería saber lo que hacemos en Argentina con las plazas públicas (ver aca)
3- Amabilidad. Cada vez que entramos o salimos de un restaurant o local de ventas todos los empleados nos saludan, despiden y agradecen en voz alta, repetidas veces. ‘Irasshaimase’, ‘arigato gozaimas’ y otras frases imposibles de recordar, todo para hacerte sentir bienvenido.

Sin embargo nada en la vida es absoluto y menos en Japón. En esta sociedad de orden y respeto por el prójimo me sorprendió una excepción.

En Kyoto las bicicletas tienen prioridad sobre los peatones, con los que comparten la vereda todo el tiempo porque casi no hay bicisendas. Increíble pero real, al principio me costó asimilarlo: bicis a todo lo que da haciendo ring-ring con la bocina y la gente tirándose para el costado para que no la atropellen, sin protestar.

Japón tiene mucho de escurridizo para el occidental. Cuando pensás que empezás a entender la cultura y que la podés encasillar en alguna categoría conocida, ves algo que te descoloca. Justo en esa impredecibilidad reside lo interesante de viajar al lejano oriente.

Aplausos para los Japoneses!

Publicado el 22 de abril de 2010 — 2 Comentarios

[Por Euge]

DSC_0950

Después de seis días, en este momento dejamos Tokyo para seguir recorriendo Japón hacia el Oeste. Si bien la ciudad es muy linda, Tokyo es muy occidental. Hasta tiene algún parecido a una Nueva York poblada de Japoneses. Pero lo que Tokyo sí tiene bien distinto es su sociedad. Con una mezcla de humildad, generosidad, honestidad y atención, los japoneses se ganaron todo nuestro respeto.

Kei, amigo japonés de Lu de MIT, nos recibió el Miércoles a la noche y todavía sigue cuidando de nuestra estadía en su país. Miércoles, Jueves y Viernes nos llevó a cenar a restaurants típicos para que probáramos todos los platos característicos de Japón. A mi casi no me conocía, pero en cada cena se preocupaba porque la comida me gustara, porque tuviera suficiente agua, vino o cerveza, porque estuviera satisfecha o porque estuviera bien de calor o frío. También fue muy generoso con nosotros. Nos buscaba en el hotel y cada noche era una lucha pagar la cuenta porque siempre nos quería invitar.

Organizó una cena a la que también vinieron Go y Akane, otros dos japoneses de MIT, y tuve la misma sensación. Sobre todo porque Go llegó a las 10 de la noche de su trabajo y se quedó dos horas porque después tenía que volver a la oficina a seguir trabajando. Nos contó que trabaja cada día hasta las 12 de la noche, que ve muy poco a sus dos hijitas y que el Domingo se iba de viaje de negocios a Estados Unidos y México por varios días. Pero Go se tomó dos horas de su Viernes a la noche para venir a cenar con nosotros.

Tokyo es también la ciudad más limpia que conocimos hasta ahora y me arriesgaría a decir, la ciudad más limpia del mundo. Impecable, brillante. Ni un papel en la calle, nada. Los subtes más pulcros del mundo. Y a la vez, Tokyo es una ciudad casi sin tachos de basura. Por alguna razón que todavía desconocemos, no se encuentran tachos de basura en las veredas de la ciudad. Cuando le preguntamos sorprendidos a Kei acerca de la ausencia de tachos de basura, no pudo explicarla porque no la había notado (!!). O sea, los 12 millones de japoneses que viven en Tokyo guardan toda la basura en su bolsillo hasta que vuelven a su casa y la tiran o encuentran alguno de los tachos de basura escondidos que están por ahí. Uno creería que para que una ciudad esté limpia se necesitan tachos de basura en cada esquina. Tokyo demuestra que no, que la educación y la cultura son suficientes para mantener limpia la ciudad.

DSC_0756

Y lo último a destacar, el sumo respeto por las personas mayores. Empezamos a entender esto con Kei, que se dirigía respetuosamente a Go como “my senior”, solamente porque Go es dos o tres años más grande. Y terminamos de entender el respeto a los mayores cuando con perzo comprábamos un café en Starbucks.

Estamos haciendo la cola y después de esperar un rato llega nuestro turno. Nos acercamos para pedir y de golpe un viejito sale de la nada y se nos mete adelante. Con perzo nos miramos completamente indignados, pensando “caradura!”, miramos a la chica detrás del mostrador enojados y vemos que ella atiende al anciano con la mayor naturalidad del mundo. Nos volvemos a mirar como entendiendo lo que pasó, y ahí sonreimos admirados.

En fin, vale la pena viajar desde del otro lado del mundo para conocer a los japoneses.

Kei cocinando Okonomiyaki

Un Perro en Viaje

Publicado el 4 de mayo de 2009 — 0 Comentarios

ford

Mi hermano se fue dos meses a recorrer Asia con dos amigos, y abrió un blog para contar sus aventuras.

La verdad que el humor Rosarino que le pone a los posts hace que sean muy divertidos de leer. Yo nunca estuve en Asia y me resultó muy bueno el relato desde su perpectiva.

Acá les dejo algunas de las partes que me sorprendieron y me hicieron reir. Sobre los barbijos en Tokio:

Igual mas llamativo que todo eso, son los barbijos. Mucho barbijo. Independientemente de la edad, sexo, ocupacion, produccion. Que un chino guerci te use un barbijo aca, totalmente normal. O un banquero con zapatos armani, igual. No se discrimina en cuanto a barbijos. Yo pregunte para no meter la gamba, y por ahora solo entiendo que es para no respirar porquerias. Que se yo, si aca se respira porqueria, no se que estamos respirando nostros, pero no debe ser bueno.

Sobre los chinos quilomberos:

Y ahi, mezclado con todo ese intento de modernidad y desarrollo estan los chinos. Que gente enquilombada. Se chocan, empujan, escupen, se colan en las filas, no piden permiso, no esperan, no ceden el paso, tocan bocina sistematicamente en cualquier situacion solo para avisar que estan pasando, y si te descuidas te chocan de atras con una especie de mezcla entre bicicleta, moto y triciclo. Pero asi viven, o por lo menos, asi los vi vivir yo. Algunos tratan de ser educados y atentos y muchas veces son simpaticos, pero se manejan de otra manera. La calle es un caos. China tiene el 2% de la cantidad de autos en el mundo, y el 20% de los accidentes de transito. Hay veces que asusta cruzar la calle hermano.

(…) Pero ojo, tampoco vimos ni violencia, ni robos, ni maltrato. Se camina por cualquier calle sin problemas y se habla con cualquier persona si el mas minimo temor. Me parece que pasa mas por otra forma de conectarse socialmente con la gente, pero que definitivamente, nosostros no estamos acostumbrados. jeje Diego dijo una cosa que me parece define bastante bien esto: China esta mas avanzada que los chinos. je

Sobre la aventura de llegar a la Muralla China:

Casi nos pasamos, porque para sorpresa nuestra no hay un lugar preciso donde te dejan con un cartel que dice “a la muralla” sino, que hay que adivinar entre muecas y mimicas donde carajo estan todas los millones de combis que nos prometieron. Caminamos un ratito y llegamos a dicho lugar, donde efectivamente habia muchas combis. Despues de como siempre pelear para que no te afanen la guita como si fueras oligofrenico (empiezan por ofrecerte 2oo RMB por la ida, y terminan en 150 por la ida y vuelta), nos metimos en un taxi derecho para la muralla. 60 km de sufrimiento a lo largo de una ruta repleta de inconcientes que manejan realmente mal. Parece que te estan jodiendo, como pasan los autos, por todos lados, hacen los que se les da la gana. En fin, no se preocupen. LLegamos.

Para los que interesados en seguir la lectura, pueden visitar el blog Un Perro en Viaje.