Seguir la propia vocación


Publicado en: Cultura, educación | 2 Comentarios

Como todos saben a estas alturas, el jueves pasado el escritor peruano Marios Vargas Llosa recibió el premio Nobel de literatura.

La noticia nos sorprendió en la ruta viajando para Mendoza. Con Euge nos pusimos muy contentos porque lo sentimos como un reconocimiento a la cultura de toda latinoamérica. Además leímos algunos (pocos) de sus libros y nos gustaron mucho. Me acuerdo como Euge se ría sola en la cama, en un crudo invierno Bostoniano, con Pantaleón y las visitadoras.

Yo traté de traerlo en dos oportunidades a una conferencia sobre temas Latinoamericanos que organizamos en MIT. La segunda estuve realmente cerca, porque él iba a estar en Boston cerca de la fecha por el parto de su hija Morgana, que en ese momento vivía en la ciudad. Al final se complicó como en general se complican las agendas de tipos tan relevantes. Me agradeció la invitación a través de su secretaria, pero yo me quedé con las ganas.

Ayer mientras manejaba el trayecto de vuelta desde Mendoza a Rosario, Euge me leyó un artículo que Vargas Llosa escribió para el diario El País, dónde relata sus primeras vivencias luego de que le anunciaran el premio. El texto es genial, y logró emocionarme a pesar de lo cansado que yo estaba de tanto esquivar camiones en la ruta. Les recomiendo leerlo todo, pero para el blog me robo la parte esencial donde habla de la vocación:

Pensé en el tío Lucho, que, en ese año feliz que pasé en su casa de Piura, el último del colegio, escribiendo artículos, cuentecitos y poemas que publicaba a veces en La Industria , me animaba incansablemente a perseverar y ser un escritor, porque, acaso hablando de sí mismo, me aseguraba que no seguir la propia vocación es traicionarse y condenarse a la infelicidad.

(…) Y pensé lo increíblemente afortunado que yo he sido en la vida por seguir el consejo del tío Lucho y haber decidido, a mis veintidós años, en aquella pensión madrileña de la calle del Doctor Castelo, en algún momento de agosto de 1958, que no sería abogado sino escritor y que, desde entonces, aunque tuviera que vivir a tres dobles y un repique, organizaría mi vida de tal manera que la mayor parte de mi tiempo y energía se volcaran en la literatura, y que sólo buscaría trabajos que me dejaran tiempo libre para escribir. Fue una decisión algo quimérica, pero me ayudó mucho, por lo menos psicológicamente (…)

Organizar la vida de tal manera que la mayor parte del tiempo y energía se dediquen a la vocación: que lujo y que necesidad. Me voy a permitir disentir en una parte con el premio Nobel. No es una decisión tan quimérica sino la más segura si el objetivo final es la felicidad.

2 comentarios

  1. Daniel Denunzio

    No todos tenemos la suerte de darnos cuenta cual es nuestra vocacion. A veces aparece a temprana edad, como el caso de Vargas LLosa, y a veces mas tarde. Tengo entendido que vocaciòn deriva del latin que significa llamado (vocare). Mi experiencia y mis lecturas me dicen que el llamado siempre proviene de una voz interior, un despertar, una transitoria iluminacion. A partir de alli comienzan a darse circunstancias que solo son vistas por la persona que ha recibido ese llamado. Y alli comienza el camino.

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  2. Manen García

    A los 18 años muchas veces no estamos seguros de lo que queremos hacer y seguimos los consejos de gente bien intencionada pero errada desde el concepto.

    Pero, es mucho peor terminar algo solo porque lo comenzaste sabiendo, desde el principio, que eso no es lo tuyo… ¿Responsabilidad? No,… cobardía lisa y llana.

    Requiere mucho coraje, esfuerzo y gente que te apoye, ya de adulto, para tratar de revertir ese error. Además, lleva más tiempo si uno quiere equilibrar persona, familia, trabajo y estudio. Como yo le llamo: la mesa de cuatro patas (si acortás una, cualquiera, todo se viene abajo tarde o temprano).

    Les recomiendo, si tienen tiempo y ganas, este discurso de la escritora J.K. Rowling a los graduados de Harvard (2008):

    http://youtu.be/wHGqp8lz36c

    y este otro de Randy Pausch a los graduados de Carnegie Mellon (2008):

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