Cuando me estaba por ir a estudiar al MIT, escribí un post que titulé Productores de Cerebros, Ideas y Nuevas Tecnologías. Hablaba de como Boston desarrolla y promueve una verdadera industria en torno a la educación, con un impacto económico que se estima en 7.4 billones de dólares por año.
Les recomiendo ver esta charla de TEDxBoston 2010 por Scott Kirsner donde habla de la importancia de los estudiantes para el progreso de la región de New England. Kirsner es un periodísta de tecnología del Boston Globe y un gran entusiasta y promotor de Boston como el centro de mayor densidad de innovación del mundo. La receta que propone es simple:
We have a pretty simple job description here in New England: attract the smartest young people from around the world, and create opportunities for them to solve important problems and build big businesses here. It’s just what we do.
Está claro que la competencia por talento ya no es sólo entre países – Canadá, Austalia y países de Europa de Este se pelean por tentar al talento que hoy va a USA – sino también entre ciudades. Kirsner menciona como ejemplo el caso de Mark Zuckerberg, que habiendo fundado Facebook en Cambridge se movió a la otra costa, a San Francisco, porque ahí fue donde le dieron financiación para su startup. Es para evitar mudanzas como ésta que en Boston se crearon múltiples organizaciones de soporte a iniciativas y proyectos de estudiantes y emprendedores.
Todo desarrollo sustentable empieza por educar a la población y crear oportunidades para que puedan poner su capacidad en práctica, y en este sentido lo que se hace en Boston y alrededores tiene que servir como un ideal que marque el camino.
Me mudé a Boston cuando cumplía 24 años. Me mudé en búsqueda de aprendizaje y progreso y persiguiendo las ganas de vivir en otro país, que tengo desde que tengo memoria. Y fundamentalmente persiguiéndolo a perzo, que se me escapaba de Argentina. Llegué como pollito mojado y con una serie de pre-juicios sobre los americanos, que había mamado de familia y amigos.
En los 3 años bostonianos, con Lu tuvimos la oportunidad de estudiar, trabajar en distintos lugares y conocer mucha gente. A través de la experiencia, yo en particular pude deshechar pre-juicios. Entre ellos, aquel que me decía que “los yanquis son fríos y egocéntricos”.
Mi trabajo me permitió conocer muchos “yanquis”. Conocí a Hillen el 14 de Enero del 2008, cuando me esperó a la nochecita de un Martes nevado para entrevistarme para una posición que se abría en las oficinas de Boston. Conversamos un rato, me hizo una infinidad de preguntas, repasamos juntas las cosas en las que había trabajado antes, y cuando terminamos me miró y me dijo: “te quiero contratar”.
Hillen desconocía el proceso americano de contratación de extranjeros. No tenía idea de los 3 meses que tenía por delante, llenando formularios y justificando ante la oficina de “homeland security” del gobierno la contratación de una argentina de 24 años para una posición de marketing. No sabía que iban a tener que contratar abogados, pedir autorizaciones, pagar más de $5,000 dólares por la la aplicación de la visa y explicar por qué yo era necesaria para esa posición. No tenía idea de eso cuando me dijo que me iba a contratar. Pero Hillen me dijo que me iba a contratar, y me contrató.
El idioma fue difícil, empecé tropezando. Mis compañeros hicieron un esfuerzo grande para entender mi inglés argento y yo por entenderlos a ellos. Me acuerdo de la primera reunión como si fuera hoy:
Hillen mira al equipo de trabajo presente y dice:
Les quiero presentar a María. María va a estar trabajando con nosotros a partir de ahora para Gillette Blades & Razors. Les pido que cada uno se acerque a ella apenas tenga tiempo disponible para presentarse y conocerse.
En el teléfono teníamos en conferencia a la gente del equipo en Cincinnati. Alguien dice algo dirigiéndose a mi, que para mi es inenteligible.
Todos me miran.
Yo sonrío nerviosa como asintiendo. No había entendido una palabra y esperaba algún puntapié más.
Todos sonríen como esperando.
Vuelvo a sonreir, hago pausa y deslizo un “I´m glad to be here” mirando a Hillen para que me salve.
Y ella efectivamente me salva con un “Thanks Maria”.
Y así fue. Hillen me tiró el puntapié inicial y con el tiempo me fui sintiendo como pez en el agua.
Mi jefe David fue otro americano que conocí. Un ejemplo en persona del verdadero “work-life balance”. Siempre priorizaba a su esposa Rachel y a sus hijos Jackson, Jason y Lilly. Éramos un buen equipo, cada uno cubría al otro cuando era necesario y nos iba bien juntos.
Aunque los americanos nunca se toman más de una semana de vacaciones seguida, David me dijo “of course”, cuando le pregunté si me podía quedar 3 semanas en Argentina. También me dijo “of course” cada vez que le dije que me quedaba trabajando desde casa, que tenía que encontrarme con mi mamá que estaba de visita o acompañarlo a perzo al dentista.
David fue quien me organizó la despedida. Le pidió a una agencia que le pusiera mi nombre a un paquete de maquinitas de afeitar, la encuadró y se la dio a mis compañeros para que la firmaran. También pidió que crearan otro paquete de maquinitas de afeitar con mi nombre y cambiaran los slogans por chistes que me hacían tipo “Mate Time!” u “Otherwise known as Eugenia”. Las dedicatorias que me escribieron en el cuadro no se leen bien en la foto, pero algunas me hicieron emocionar.
Finalmente la última despedida fue en lo de Jamie, una compañera del trabajo que organizó una cena en su casa, me cocinó mis platos preferidos e invitó a mis compañeros más cercanos de la oficina.
Lu tuvo una experiencia muy parecida. Tuvo mucho reconocimiento, le hicieron despedida con sketch imitándolo, le regalaron un “Fernet”, un cuadro de Harvard Square, nos llevaron a cenar y todos sus compañeros vinieron a la despedida que organizamos antes de partir.
En fin, los yanquis que conocimos nos hicieron sentir muy queridos y reconocidos en su país y hoy por hoy, no hay más prejuicio.
Si vos pensábas igual que yo, quizás este post sirva para conocerlos un poco más.
Después de una seguidilla de eventos que completaron el “operativo mudanza”, hoy dejamos nuestro querido 100 Memorial. A las 7,30 am abrazamos a Myron y nos subimos al auto de Nico, que nos trajo al Logan a tomarnos el avión que nos lleva a Los Angeles.
El “operativo mudanza” fue largo. Empezó hace 7 meses, cuando decidimos que el 31 de Marzo partíamos de Boston para volver a Argentina y terminará recién en Julio, cuando abramos las cajas que mandamos antes de ayer, con nuestra ropa, libros y cachivaches varios.
Estos últimos días decíamos que la mudanza es como una “larga e intensa cadena de decisiones y acciones”, que para el final te dejan exhausto y con la lengua afuera, como si te hubieran chupado toda la energía.
Las acciones son simples: cancelar el contrato de alquiler, vender el auto y los muebles, cancelar los servicios, decidir que cosas llevar y meterlas en cajas, etc.
Ahora, son unas cuantas, tenes la presión de que “no hay que olvidarse de nada” y además, hay un alto componente emocional. Más allá del momento movilizante en general, decidir dejar en el camino las copas con las que brindaste tantas veces, la rana de peluche que te acompañó mirando la tele, o el tazón en el que comiste cereales las últimas 1,000 manianas… hace que se te caigan unas cuantas lágrimas.
Pero en fin, la primer parte del operativo terminó. Lo cerramos con una GRAN despedida con muchos amigos, baile y buena música en un bar el Viernes pasado y ahora encima de un vuelo que nos embarca en un viaje de dos meses y medio por la costa Oeste de Estados Unidos y por Asia, antes de volver a Argentina.
Más allá de los dolores de cabeza de la mudanza, nos sentimos muy afortunados de haber tenido la oportunidad de vivir en nuestra querida Boston durante tres años y de ahora tener la oportunidad de conocer otras culturas antes de volver a estar con nuestra familia y amigos en Argentina. Esperamos que estos posts sirvan para compartir con ustedes algunas de las cosas que vivimos y que iremos viviendo en el camino.
Ya sólo faltan 2 semanas para la partida de Boston. En esta ciudad dejamos tantos buenos momentos, aprendizajes, amigos, colegas y experiencias que se hace díficil irse. Es, como dirían los americanos, un momento bittersweet.
Pero ahora quiero escribir sobre el proceso de levantar campamento de una ciudad donde viviste varios años. Mi amigo Santi Imperatrice, que tiene vasta experiencia en el tema, lo llama ”desactivación”, e incluye vender o regalar parte de tus pertenencias, empacar lo restante, cerrar cuentas (banco, teléfono, cable, electricidad, etc), cancelar contrato de alquiler, etc, etc, etc.
Hay varias herramientas claves para ayudarte a hacer esto. Craigslist es indispensable para vender lo que no vas a llevar. Puse mi Vespa y al día ya tenía un comprador a buen precio. Los muebles también se pueden vender ahí, pero nosotros tuvimos la suerte de que una compañera de trabajo nos compró todo y lo retira en U-Haul nuestro último día en Boston. Gracias a eso sólo vamos a tener que dormir una noche en el colchón inflable (otro accesorio muy útil a la hora de la desactivación).
Se preguntarán por qué vendemos todo en lugar de llevárnoslo. La cuestión es que nuestro mobiliario es de Ikea, que para lo que no conocen significa buen diseño, bajísimo precio, y también baja durabilidad. Es probable que mucha de las cosas se rompan en un transporte marítimo hasta Argentina. Y haciendo las cuentas nos dimos cuenta que comprar todo alla sale más o menos lo mismo que el traslado. Los electrónicos son otro tema ya que están a mitad de precio o menos que en Argentina. Asi que nos llevamos un televisor LCD y nuestras compus.
La desactivación es difícil porque, aunque parezca mentira, uno se encariña con muchos objetos con los que vivió lindos momentos. A mi personalmente la Vespa es lo que más me costó vender. Ir bordeando el río Charles todas las mañanas a la oficina fue un disfrute total. Y el último verano Bostoniano fue el mejor gracias a la libertad Vespeana. Asi que es duro dejarla ir!
A Euge lo que más la puso nostálgica fue empacar su campera invernal, que con cariño llamamos La Matriz por su semejanza con el sobretodo que usa Keanu Reeves en la película. Es super abrigada y no apta para el clima Rosarino. Pero acá en Boston la acompañó en la caminata diaria atravesando el río para ir a las oficinas de Gillette en el Prudential. Asi que para Euge La Matriz tiene el mismo simbolismo que para mi la Vespa.
Pero hay todo un costado positivo del proceso de desactivación. Para empezar, te sentís más liviando. Al vender tus cosas, reducir tu equipaje y quedarte casi con lo puesto te invade una sensación de flexibilidad y agilidad increíbles. Pero lo más groso es darte cuenta que lo escencial siempre se queda con vos más allá de lo que transitoriamente tengas en posesiones. Acá parece que me pongo filosófico pero no, es una noción bastante real y práctica. Con Euge nos tenemos el uno al otro, y cada uno se lleva los aprendizajes y el crecimiento personal de estos años. Es éste capital el que necesitamos para contruir nuestro futuro en cualquier otra parte. La desactivación te deja con lo escencial, y paradójicamente, con una sóla mochilita te sentís más seguro y confiado que nunca para dar el próximo paso.
A menos de un mes de nuestra partida definitiva de Estados Unidos (definitiva porque nos vamos a vivir a Argentina, no porque no vayamos a volver de visita) viajamos con Euge a NYC con un doble objetivo. Teníamos que sacar nuestra Visa para entrar a China, pero lo más importante era despedirse como corresponde de esta gran ciudad.
Es un lugar común, ya sé, pero sin dudas NYC tiene una magia muy especial. Fuimos más de 10 veces en los últimos años aprovechando la cercanía con Boston, y en cada una de las visitas descubrimos algo distinto. Un nuevo barcito escondido en el Soho o Brooklyn, un exposición, algún show, un nuevo local, un recoveco escondido del Central Park, un mercado de pulgas de fin de semana, un sótano en Canal Street lleno de carteras truchas, gente y más gente de cada rincón de la tierra. Además de estos atributos visibles NYC tiene un significado especial en la historia de nuestra pareja, lo que agiganta el simbolismo.
Por todo esto sentimos que había que decirle “chau, hasta pronto” con el énfasis propio de la ocasión. Y lo que resultó fue el programa más neoyorkino que me puedo imaginar.
Si hago una encuesta por la calle sobre personajes símbolo de NYC, no dudo que Woody Allen aparece en el top 3 de la lista. Woody es, además, nuestro director de cine predilecto. Asi que verlo tocar el clarinete con su New Orleans Jazz Band en el bar del hotel Carlyle donde caben con suerte 80 personas, en el corazón del Upper East Side, fue lo máximo. Un momento para guardar en cajita, diría Euge, o una escena sacada de una película de Allen, agrego yo.
El Café Carlyle es un espacio súper íntimo, de no más de 15 metros por 20, rodeado por murales pintados por Marcel Vertes. Tiene el inconfundible estilo chic del New York antiguo. Como el techo es tan bajo, este lugar que de por si es chico parece aún más comprimido. Las mesas están apretadas una a lado de la otra y los mozos se escurren entre ellas como pueden.
Woody llega al bar todo tímido, casi asustado, detrás de sus célebres anteojos negros de marco ancho. Se toma cinco minutos para sacar el clarinete de su estuche y limpiarlo, en un ritual que imagino se repite todos los lunes. Aclaro que este movimiento lo hizo justo en la mesa de atrás nuestro, asi que Euge casi se desmaya cuando lo tuvo al ídolo tan cerca.
La banda se compone de Woody en el clarinete, y además dos trompetas, piano, contrabajo y guitarra. Con mi limitado conocimiento musical puedo arriesgar que suenan muy bien, ensayados y compactos. La interacción de Woody con la audiencia es casi nula. Se limita cada tanto a levantar su mirada del suelo pero como las luces lo encandilan la baja rápido. Eso si, conversa y se divierte como loco con el gordo que toca la guitarra.
La entrada sale bastante cara y algunos deben estar pensando si vale la pena. Puedo sintetizar diciendo que para los fanas de Woody como nosotros es un espectáculo memorable, una exquisitez, un deleite supremo. No todos los días tenés un genio adelante. El que pueda darse el gusto no se arrepiente seguro.
Acá les dejo unos videos que filmamos. Por supuesto no le hacen justicia a la magia que se respiraba en el bar:
Bonus: miren esta y esta entrevista a Woody y digan si no es un genio total.
Seguro que leyeron en los diarios que la propuesta de reforma del sistema de salud impulsada por Obama (Obamacare como algunos la llaman) está por fracasar. Parecía que se iba a resolver favorablemente, aunque con lo justo, porque los demócratas tenían los 60 senadores propios para aprobarla después de más de un año de debate. Pero por la muerte de Ted Kennedy se hizo una elección especial en Massachusetts (Estado demócrata si los hay) e increíblemente ganó un republicano desconocido llamado Scott Brown. Ahora Obama tiene 59 senadores – uno menos que los que necesita - y mucha gente le pide que priorice la economía y la generación de empleo en lugar de seguir empujando la reforma de salud.
Yo no puedo creer que haya tanta gente necia (es especial los republicanos) que se resista a cambiar este sistema que funciona tan mal. Es un tema complejo pero les sintetizo en dos datos objetivos y una anécdota personal por qué la salud en América está en crisis:
Dato 1: Hay casi 50 millones de Americanos sin cobertura de salud, sobre un total de 310 millones. Cualquiera de ellos enfrenta la bancarrota directa si se llega a enfermar seriamente. Dato increíble para un país tan rico.
Dato 2: Quienes pueden pagar su cobertura (o lo más común, tienen un trabajo que los cubre) pueden enfrentar otro problema: el denial of care de las aseguradoras que afecta a 12.6 millones de personas (fuente acá). Esto significa que cuando te enfermás no te cubren con la excusa de que se trata de una condición pre-existente al momento en que contrataste tu seguro. Insólito.
Anécdota peronal: hace unas semanas me agarró una gripe fuerte, y por miedo a que sea la porcina me fui a una guardia a que me revisen. Me acompañó Euge, y elegimos el Massachusetts General Hospital (MGH) porque esta a sólo 10 cuadras de casa y además está en la red de mi seguro. El MGH es uno de los mejores hospitales de USA. Me hicieron esperar dos horas y media para revisarme 5 minutos, y después 1 hora y media más para sacarme sangre. Me mandaron a mi casa después porque no tenía nada grave. Hace una semana me llegó la pre-factura por los servicios: 1603 dólares. Si, no le erré al teclado, mil seiscientos tres. De ese total me queda pagar a mi más o menos $300 y el resto lo cubre mi seguro. Hablé con mi viejo que es médico y en Rosario tiene un grupo de salud. Me dijo que el mismo servicio de guardia en Rosario te cuesta, exagerando un poco, 25 dólares. O sea que acá me cobraron 64 veces más. Estoy seguro que no hay rubro o producto alguno en el que la diferencia de precio sea de esta magnitud entre un país y otro.
Como si esto no fuera ya alarmante, aún con estos precios demenciales la realidad es que Estados Unidos tiene peor salud que muchos países desarrollados. Dice el Economist:
Even though one dollar in every six generated by the world’s richest economy is spent on health—almost twice the average for rich countries—infant mortality, life expectancy and survival-rates for heart attacks are all worse than the OECD average.
Por todo esto creo que llevar adelante la reforma es fundamental. De otra forma la cosa va a estallar. Esperemos que Obama tenga el resto que necesita para aprobarla.
Una de las actividades académicas que más me sorprendió cuando llegué a estudiar a MIT es el Independent Activities Period. Escribí este post al respecto hace un tiempo. Según dice su website,
The Independent Activities Period (IAP) is a special four week term at MIT that runs from the first week of January until the end of the month.
For close to four decades, IAP has provided members of the MIT community (students, faculty, staff, and alums) with a unique opportunity to organize, sponsor and participate in a wide variety of activities, including how-to sessions, forums, athletic endeavors, lecture series, films, tours, recitals and contests.
(…) IAP offerings are distinguished by their variety, innovative spirit, and fusion of fun and learning.
Este Enero estoy tomando un IAP espectacular: A Taste Of Scotland. Como un entusiasta del scotch (whisky Escocés) estoy aprendiendo todos los detalles de esta gran bebida. Desde las materias primas, el proceso productivo y las malterías más importantes hasta las variables que dan las diferencias de sabor.
El scotch representa es a mi juicio el punto más sofisticado, complejo y placentero de las bebidas alcohólicas. De pendejo uno empieza con la cerveza y el gin, después pasamos al fernet, champagne y un buen vino, hasta que llegamos al scotch. Y ahí te graduás de tomador =). Les dejo los slides de la primera clase que son imperdibles.
En el último Economist hay una muy buena nota sobre lo que significa ser extranjero en el mundo de hoy. Siendo yo mismo un extranjero en Boston hace casi 4 años me sentí identificado con muchas de las ideas. Se me ocurrió repasarlas acá y contar mi perspectiva sobre cada una.
For the first time in history, across much of the world, to be foreign is a perfectly normal condition (…) the foreign-born average in the rich world is over 8% of a given population.
Esto no puede ser mas cierto en Boston. Algunos la llaman la Atenas de Estados Unidos por la cantidad de Universidades y centros de educación que hay. El corolario: gente de absolutamente todos los países del mundo. Ser extranjero acá es más la regla que la excepción. No se los números exactos pero sin dudas estamos mucho más arriba que el 8% promedio, más cerca del 30% estimo.
…all other things being equal, foreignness is intrinsically stimulating. Like a good game of bridge, the condition of being foreign engages the mind constantly without ever tiring it. John Lechte, an Australian professor of social theory, characterises foreignness as “an escape from the boredom and banality of the everyday”. The mundane becomes “super-real”, and experienced “with an intensity evocative of the events of a true biography” (…) living in a foreign country can evoke many of the emotions of childhood: novelty, surprise, anxiety, relief, powerlessness, frustration, irresponsibility.
Concuerdo 100%. Si hablamos de los emigrantes por elección (no los que se fueron por la falta de oportunidades en su país de origen o por exilios políticos, etc) llegar al nuevo país tiene un componente de aventura y adrenalina que estimula muchísimo. No hay días aburridos. Descubrir la nueva cultura es fascinante. Aún después de haber pasado la adaptación inicial el estado de alerta persiste. Las rutinas del extranjero, al menos en mi caso, nunca son comparables a las rutinas de tu país de origen. Siempre tenés una veta de riesgo, de imprevisibilidad, de descubrimiento, las cosas nunca son un acto reflejo sino que se hacen con un nivel de awareness (no se como traducirlo) que uno no tiene en su hogar.
Perhaps foreigners are, by their nature, hard to satisfy. A foreigner is, after all, someone who didn’t like his own country enough to stay there. Even so, the complaining foreigner poses something of a logical contradiction. He complains about the country in which he finds himself, yet he is there by choice. Why doesn’t he go home?
De nuevo, aclaremos acá que se habla de los extranjeros por elección. Mi experiencia es que si, somos difíciles de satisfacer, y por eso la búsqueda de otros horizontes. Respecto a la queja, no me la banco mucho. Ni hacia el país que te recibió ni al que dejaste. De los emigrantes Argentinos en Boston, la segunda es la más común, y por eso me veo varias veces en la posición de recordarles a mis amigos de acá las partes positivas de la vida en Argentina. No hay que caer en la idealización de lo extranjero tampoco, no es necesario para apreciar lo positivo.
But we cannot expect to have it all ways. Life is full of choices, and to choose one thing is to forgo another. The dilemma of foreignness comes down to one of liberty versus fraternity—the pleasures of freedom versus the pleasures of belonging. The homebody chooses the pleasures of belonging. The foreigner chooses the pleasures of freedom, and the pains that go with them.
El artículo es genial porque cierra con el punto clave de la emigración. Al principio en extranjero siente que tiene las dos cosas: la libertad de un mundo donde no te conoce nadie y también el hogar, que está listo para recibirte de nuevo cuando quieras pegar la vuelta. Pero al pasar el tiempo el trade off se hace cada vez más claro. Ya el hogar empieza a resultar ajeno, los amigos cambiaron, la familia tiene rutinas que no te incluyen. Si pensás tener hijos y crecen en otro país la pertenencia se diluye aún más. Por eso hay un momento donde esta decisión de pertenencia versus libertad tiene que ser tomada.
Con Euge vamos a volver a Rosario por elegimos la pertenencia. Pero creo que ambos pensamos (quizás con ingenuidad, no sé) que es posible combinarla con un grado de libertad aprendido y bien ejercido acá y al que no queremos renunciar. Se nos ocurren maneras de llevarlo acabo. En un par de años podré escribir sobre si tal cosa es posible.
Buscando información sobre Canadá (estoy por viajar a Montreal en un par de semanas) dí con un reciente estudio de la consultora Mercer que rankea 215 ciudades del mundo en cuanto a calidad de vida.
Un par de puntos para destacar. Primero, las cinco primeras ciudades del continente Americano en cuanto a calidad de vida están todas en Canadá (Vancouver, Toronto, Ottawa, Montreal y Calgary en ese orden). Los canadienses se cagarán de frío la mayor parte de año pero saben como vivir y como hacer ciudades confortables y ordenadas.
Segundo, en Estados Unidos las tres primeras ciudades para vivir son Honolulu (Hawaii), San Francisco y Boston. A la primera no la conozco pero la descarto entre mis preferidas para vivir. Soy un tipo muy urbano, el pulso de la ciudad me atrae mucho, y creo que un lugar de playa y vacaciones como Honolulu está genial si querés hacer la vida de Magnum pero es para mi. Con las otras dos elecciones estoy en total acuerdo. San Francisco y Boston son ciudades de una calidad de vida excepcional, y mis preferidas de todas las muchas ciudades que conozco en este país.
Al conocer Boston uno no se impacta como cuando va a New York. Es una ciudad que uno tarda un poco en apreciar en su totalidad. Una rara mezcla de pueblo tranquilo, centro de innovación y educación inigualable, puerto histórico, ciudad conservadora y al mismo tiempo de vanguardia. Como dije ya varias veces en este blog, si están por NYC les recomiendo tomarse el Acela y darse una vuelta de un par de días por acá. Boston no los va a defraudar.
El sábado pasado estuve en MobileCamp Boston. Fue mi primera experiencia en el formato BarCamp y tengo que decir que es excepcional, mucho más dinámico y entretenido que los formatos tradicionales del speaker hablándole a la aundiencia pasiva.
Para los que no sepan de que se trata, un BarCamp es un formato de reunión – o unconference como la llamaron los pioneros – donde no hay nada preestablecido. No hay agenda aunque si puede haber un tema general (en el caso de la que yo fui era Mobile). No hay charlas fijas ni oradores, sino que los asistentes van organizando los workshops a medida que van llegando en función de sus intereses. O sea que son los participantes quienes proveen el contenido y va gestándose a lo largo del día o los días que dura el BarCamp. En la foto se ve la agenda armada con los Post-it escritos en el momento. En términos tecnológicos se puede decir que todo el proceso de organización es open source.
Un factor clave: esta prohibido usar el power point. Por ahi prohibido es un término un poco exagerado, pero al menos es strongly discouraged. Es un detalle genial. Sin power point todas las presentaciones son más interactivas, nadie se duerme, se puede interrumpir y dar tu opinión mucho más fácil. Si alguien esta siendo muy aburrido otros intervienen y le dan dinámica al tema. Hace un tiempo escribí un post con el título Abajo el Power Point y me alegró muchísimo ver en la práctica lo poderosa que puede ser una reunión con sólo un pizarrón y buenas ideas. Supongo que he descubierto el BarCamp un poco tarde (el primero fue en el 2005) pero es un formato que no debiera limitarse a los meetings de tecnología y web applications. Tiene potencialidad para cualquier tipo de temática con un requisito: los asistentes tienen que ser apasionados de la temática que se discute.
El mes que viene se organiza otro Barcamp en el Stata Center en MIT. La combinación me parece perfecta: Barcamp + Stata Center. Frank Gehry diseñó al Stata justamente para potenciar este tipo de dinámica participativa e improvisada. A continuación la explicación de diseño del increíble Stata que leí en un artículo del Economist:
The entire structure was conceived with the nomadic lifestyles of modern students and faculty in mind. This is best seen in the building’s student street, an interior passage that twists and meanders through the complex and is open to the public 24 hours a day. It is dotted with nooks and crannies. Cafés and lounges are interspersed with work desks and whiteboards, and there is free Wi-Fi everywhere. Students, teachers and visitors are cramming for exams, firting, napping, instant-messaging, researching, reading and discussing. No part of the student street is physically specialised for any of these activities. Instead, every bit of it can instantaneously become the venue for a seminar, a snack or romance.
Que un BarCamp tenga un soporte arquitectónico como el Stata ya es, digamos, demasiado primer mundo. Pero justamente lo bueno del formato es que no tiene costo, o aún mejor, tiene tan pocos requisitos que hace baratas las conferencias.
Update: Les comparto unas fotos del Stata que tomé hace unos meses, sobre todo para que vean el interior con sus recovecos listos para ser utilizados en una reunión espontánea.