La mejor despedida posible de Nueva York
A menos de un mes de nuestra partida definitiva de Estados Unidos (definitiva porque nos vamos a vivir a Argentina, no porque no vayamos a volver de visita) viajamos con Euge a NYC con un doble objetivo. Teníamos que sacar nuestra Visa para entrar a China, pero lo más importante era despedirse como corresponde de esta gran ciudad.
Es un lugar común, ya sé, pero sin dudas NYC tiene una magia muy especial. Fuimos más de 10 veces en los últimos años aprovechando la cercanía con Boston, y en cada una de las visitas descubrimos algo distinto. Un nuevo barcito escondido en el Soho o Brooklyn, un exposición, algún show, un nuevo local, un recoveco escondido del Central Park, un mercado de pulgas de fin de semana, un sótano en Canal Street lleno de carteras truchas, gente y más gente de cada rincón de la tierra. Además de estos atributos visibles NYC tiene un significado especial en la historia de nuestra pareja, lo que agiganta el simbolismo.
Por todo esto sentimos que había que decirle “chau, hasta pronto” con el énfasis propio de la ocasión. Y lo que resultó fue el programa más neoyorkino que me puedo imaginar.
Si hago una encuesta por la calle sobre personajes símbolo de NYC, no dudo que Woody Allen aparece en el top 3 de la lista. Woody es, además, nuestro director de cine predilecto. Asi que verlo tocar el clarinete con su New Orleans Jazz Band en el bar del hotel Carlyle donde caben con suerte 80 personas, en el corazón del Upper East Side, fue lo máximo. Un momento para guardar en cajita, diría Euge, o una escena sacada de una película de Allen, agrego yo.
El Café Carlyle es un espacio súper íntimo, de no más de 15 metros por 20, rodeado por murales pintados por Marcel Vertes. Tiene el inconfundible estilo chic del New York antiguo. Como el techo es tan bajo, este lugar que de por si es chico parece aún más comprimido. Las mesas están apretadas una a lado de la otra y los mozos se escurren entre ellas como pueden.
Woody llega al bar todo tímido, casi asustado, detrás de sus célebres anteojos negros de marco ancho. Se toma cinco minutos para sacar el clarinete de su estuche y limpiarlo, en un ritual que imagino se repite todos los lunes. Aclaro que este movimiento lo hizo justo en la mesa de atrás nuestro, asi que Euge casi se desmaya cuando lo tuvo al ídolo tan cerca.
La banda se compone de Woody en el clarinete, y además dos trompetas, piano, contrabajo y guitarra. Con mi limitado conocimiento musical puedo arriesgar que suenan muy bien, ensayados y compactos. La interacción de Woody con la audiencia es casi nula. Se limita cada tanto a levantar su mirada del suelo pero como las luces lo encandilan la baja rápido. Eso si, conversa y se divierte como loco con el gordo que toca la guitarra.
La entrada sale bastante cara y algunos deben estar pensando si vale la pena. Puedo sintetizar diciendo que para los fanas de Woody como nosotros es un espectáculo memorable, una exquisitez, un deleite supremo. No todos los días tenés un genio adelante. El que pueda darse el gusto no se arrepiente seguro.
Acá les dejo unos videos que filmamos. Por supuesto no le hacen justicia a la magia que se respiraba en el bar:
Bonus: miren esta y esta entrevista a Woody y digan si no es un genio total.



