Después de 71 días en el camino llegó la hora de desembarcar en Rosario. Se terminó una linda aventura viajera, que nos dejó con muchas ganas de más. Y empieza otra: la readaptación a la vida y al trabajo en Argentina, sobre lo que pienso escribir bastante de ahora en adelante.
Pero antes de cerrar (temporalmente) la sección de viaje del blog quiero dejar una lista de tips de viaje. Cosas que aprendimos y recursos valiosos que usamos en esta vuelta por Asia y en otros viajes anteriores. Aunque cada uno tiene que hacer su propia experiencia, porque como dice Rolf Potts:
…there is no such thing as a seasoned traveler, because travel is an ongoing experience of the unfamiliar.
Igual acá van, ojalá les sirvan:
Compra de pasajes
Nosotros evaluamos sacar el ticket round the world que ofrece Oneworld Después de hacer las cuentas vimos que sólo conviene si vas a visitar muchos continentes. Si te enfocás en una región – como hicimos nosotros con Asia – es mejor comprar los tickets uno por uno por internet. En mi experincia no hay un sitio que siempre dé el mejor precio, aunque quizás el mas completo de todos sea Kayak.com. Pero siempre conviene chequear varias alternativas, algunos sites que a nosotros nos sirvieron son WeGo.com – que busca no solo aerolíneas tradicionales sino también low cost - y Fly Asia – para vuelos en Asia en particular. Son muy prácticos FlyLowCostAirlines.org o WhichBudget.com para averiguar que aerolíneas low cost conectan dos ciudades.
Como verán hay muchos sitios y hay que navegar un rato para sacar los mejores deals. Pero para mi vale la pena evitar la agencia de viajes para la compra de pasajes. Hace ya varios años que con internet los intermediarios quedaron obsoletos: se pierde tiempo y se paga más.
El dilema del Tour
¿Contratar un tour o hacer todo por nuestra cuenta? Es simple: un buen tour puede enriquecer la experincia viajera y simplificarte las cosas. Uno malo puede hacer que te arrepientas de haberte ido de vacaciones, te pases los días frustrado y quieras matar al guía.
Si bien con Euge casi siempre preferimos armar nuestro itinerario de forma independiente (le tenemos fobia al plan colectivo-turístico-más-cena-show), hay casos donde un tour tiene sentido. Ejemplo: cuando caímos a Nepal, de noche, con Kathmandu toda oscura por los cortes de luz, y sin mucha experiencia en turismo de montaña. Ahí si que fue muy bueno tener todo resuelto de antemano. O sea: si la incertidumbre es grande por ahí el tour sirve.
La cuestión entonces es como dar con una agencia/tour bueno? Hay dos aspectos a tener en cuenta.
Primero, que alguien de confianza lo haya hecho y recomendado. Puede ser un amigo o una publicación de prestigio que haya hecho un review. Nosotros descubrimos a Himalayan Glacier Trekking con los que tuvimos una experiencia genial en Nepal gracias a un artículo del New York Times. Por el contrario en Sudáfrica contratamos un tour por el parque Krueger sin más background que un folleto de la empresa, y fue un desastre.
Segundo, siempre conviene averguar que tipo de turistas son el target de la agencia que ofrece el tour. Es mucho más divertido si el grupo es gente de tu misma edad y con los mismos intereses. A nosotros no nos copa mucho cuando los compañeros son viejas paquetas que fuman con boquilla =).
Las mejores lecturas de viajes
The Frugal Traveler es un excelente blog que se dedica a dar consejos para viajar frugalmente. Esta muy bien escrito, es divertido y te da muchos tips útiles. Con videos, mapas y fotos, es impecable como la mayoría de las cosas que hace el NY Times.
Como foro, mi preferido es Thorn Tree, mantenido por Lonely Planet. Cualquier cosa que quieras preguntar sobre tu destino será respondido en este lugar.
Para planificar viajes largos es bueno el librito Vagabonding de Rolf Potts.
Llevarse ficción que se desarrolla en las regiones que visitás es una buenísima idea. Por ejemplo, a nosotros nos atrapó leer Into thin air en el medio de nuestro trek en Nepal, porque era fácil en ese contexto ponerse en la piel de los protagonistas. Lo mismo cuando leía sobre Pablo Escobar mientras visitaba Colombia.
Abrir un Blog
A nuestra vuelta fueron muchos los amigos y familiares que nos dijeron que “vivieron” el viaje junto a nosotros por medio del blog. No sólo por eso es bueno escribir mientras viajás. Sirve para mantener los sentidos alerta. Saber que vas a documentar tus experiencias hace que estés mas presente, más atento y más abierto a explorar. Otra ventaja es que a la vuelta no es necesario contar mil veces lo mismo, porque la mayoría ya leyó las historias en tu blog! (no hay nada mas aburrido que juntarse a ver mil fotos de viaje, no?)
Siempre buscar el contacto local
Ya escribí un post entero sobre las ventajas conocer a alguien local en las ciudades que visitás. Muchos de los momentos más inolvidables que vivimos viajando fueron posibles porque teníamos un amigo que jugaba de local. Gracias a Camilo pudimos entrar a un show increíble en año nuevo en Cartagena, sin pagar los tickets astronómicos con que embaucaban a los turistas. Nuesto amigo tano Antonio nos introdujo a los mejores bolichitos locales del Trastevere romano. Con Kei en Japón vivimos una noche de comida y karaoke super japoneses. En definitiva, antes de partir, mandá un email a todos tus contactos a ver si alguno de ellos está viviendo en tu destino o conoce a alguién que viva allí.
Equipaje: less is more
Este tema esta lejos de ser mi especialidad. Soy bastante desbolado y poco detallista al momento de empacar. Lo único que pude ir ajustando con el tiempo es a llevar cada vez menos cosas. Empece con valijas grandes por viajes de dos semanas y lo reduce a una mochila de 70 litros para un viaje de 2 meses y medio. La cuestión es que nunca te vas a arrepentir de llevar pocas cosas, pero si al revés. Y por último una máxima: nunca lleves más de cinco (5) calzoncillos de secado rápido – tipo Under Armour - no importa si viajás una semana o seis meses.
Elegir bien la compañía
Acá no voy a descubrir nada. Yo tengo la suerte de tenerla conmigo a Euge, la mejor compañera de viaje que existe. Si no encontrás a alguien con quién te imagines compartiendo todo entonces creo que es mejor viajar solo. Seguro vas a conocer mucha gente en tu ruta.
Y por último una idea: travel with a purpose. O sea, puede estar bueno salir de viaje para perseguir un objetivo bien claro, y en lo posible que sea un approach no convencional. Nosotros no encaramos todavía ninguno de nuestros viajes así pero pensamos hacerlo. Ideas hay varias: desde hacer Dinamarca en bicicleta – los daneses son los tipos que más usan bicis en el mundo – hasta voluntariar en una ONG de algun lugar escondido de la Argentina.
A viajar se ha dicho entonces, y a compartir las experiencias en un blog. Suerte!
Siempre supe que las expectativas tienen un rol importante en la percepción de la realidad. Una vez leí un libro que decía que cuando lo que pasa en la realidad no satisface las expectativas de una persona, el restultado es frustración. Eso fue una especie de click y de ahí en más siempre intenté manejar mis expectativas lo mejor que pude. Lo que nunca había pensado es qué pasa con las expectativas cuando uno viaja?
En fin. Resulta que un día dijimos con Lu “estaría bueno pasar por Bali, no?” y ahí empezó todo. Yo imaginaba que cuando uno viaja a un lugar que tiene un nombre que suena tan lindo como “Bali”, que además es una isla de Indonesia en el Océano Índico, uno llega y se le cae el paraíso a la cabeza.
Me imaginaba todo el cuadro, bajando del avión a un aeropuerto rodeado de palmeras con música tropical de fondo. Pensaba que nos iban a recibir chicas balinesas cantando el ula-ula mientras nos adornaban con collares de flores. Que íbamos a llegar a un hotel en frente de una playa de arenas blancas y aguas azules y que la gente del lugar nos iba a recibir con alegría.
No sé de qué película de Hollywood saqué todas estas imágenes, pero está claro que mi cuadro del paraíso es muy distinto a Bali y que lo de las expectativas no me funcionó muy bien.
Los primeros días paramos en Kuta Beach. La Lonely decía que Kuta era uno de los “Top Picks” de playas en Bali… La playa es linda y ancha, pero como cualquier otra, sin arenas blancas o aguas azules. El pueblo, Kuta, no muy lindo. O sea, normal, un pueblo de playa tipo Villa Gessell pero con la característica de que toda la población de Kuta vive del turismo. Eso genera un ruido de fondo constante de balineses ofreciendo toda clase de servicios, todo el tiempo. Los gritos de “masajes”, “clases de surf”, “transporte”, “comida”, “taxi”, “excursiones”, “por favor entre a mirar”, etcetcetc, son ininterrumpidos.
Estuvimos ahí unos días y huimos hacia Gili Trawangan, en búsqueda de las palmeras y el paraíso. Gili T, como la llaman los locales, es una isla de 800 habitantes a dos horas en bote desde Bali. Ahí sí encontramos playa de arena blanca y aguas azules y nos echamos contentos panza arriba a leer y tomar sol durante cinco días. La interacción con la gente local era lo menos fácil. La población de Gili T se dividía en dos: australianos en sus veintes y balineses en sus veintes, vendiéndoles a los australianos. El tormento de “transporte” y “comida” era el mismo, pero se le agregaba “marihuana!” y “magic mushrooms”.
Playa de Gili Trawangan
En fin, la pasamos muy bien en Bali… pero no es lo que uno imagina como “el paraíso”. Ahora estamos en Ubud, que es un pueblo en el centro de la isla muy pintorezco; pero todavía pienso en lo de las expectativas, en cómo uno se genera una imagen de un lugar y espera que el lugar, como dicen los yanquis: “live up to the expectations”.
Rolf Potts hace una mención relacionada a este tema en su libro “Marco Polo Didn´t Go There”. Potts cuenta que cuando los productores de Hollywood fueron a filmar la película “The Beach” con Leonardo Di Caprio a Ko Phi Phi Leh en Thailandia, lo primero que hicieron fue retocar el paisaje agregando cocoteros y plantas artificiales porque el lugar no les parecía suficientemente paradisíaco y porque en su visión del mundo, el paraíso es un lugar con muchas palmeras.
En fin, se ve que las expectativas juegan en los viajes, el mismo papel que en la vida cotidiana.
Cuando lo vi a Bishnu, el porter que contratamos para hacer el trek por la región de Annapurna, subirse a la espalda nuestra carga pensé que no terminaba el primer día en pie. O peor, que se nos moría en la montaña.
Sólo un par de horas antes con Euge habíamos depurado nuestras pertenencias, moviendo lo que queríamos llevar a la montaña de nuestras mochilas a un sólo bolso grande, para dejar el resto en el hotel de Pokhara. Así el porter solo tendría un bolso que cargar.
La verdad que lo de depurar es un decir, porque yo decidí llevar el noventa por ciento de mis cosas. Euge puso un poco menos, pero entre los dos sumamos fácil 30 kilos. En el fragor de empaque no pensé mucho en el pobre muchacho que cargaría todo cuesta arriba. O en realidad si lo pensé brevemente, y asumí dos cosas que resultaron no ser ciertas: que el porter sería un Sherpa – etnia conocida por su capacidad de carga y resistencia en la montaña – y que se repartirían la carga entre el porter y el guía.
No sólo que Bishnu era un chico de 18 años bastante flaco y no Sherpa (resultó ser de la etnia Bhrama), sino además en lugar de repartirse el peso nuestro guía le encajó de prepo las bolsas de dormir también.
Sin chistar Bishnu metió nuestro bolso dentro de un saco grande como los que usan para cargar papas, y le pasó una soga en forma de lazo, que después calzó en su cabeza como una vincha. Esta técnica le permitía sujetar en saco en su espalda y hacer fuerza con todo el cuerpo para sostenerlo.
En la primera hora de trekking yo no paré de pensar en el peso que estaba cargando Bishnu por nuestra culpa. Repasaba en mi cabeza que cosas podríamos tirar para aliviarle la cosa. De la ropa podría desprenderme de un polar o alguna remera, pero esto no iba a hacer ninguna diferencia de peso. La netbook o el lente extra de la Nikon sí son más pesados, pero la idea de sacrificarlos en la montaña era demasiado dolorosa.
En una interrupción de mis elucubraciones lo observo a Bishnu, y para mi sorpresa su caminar era rápido, con pasos mas seguros que los mios y sin signos de cansancio. Hasta parecía ir alegre. En un momento le sonó el celular, y el tipo sin dejar de caminar lo sacó de arriba del bolso y atendió. Todo bajo control.
Aun después de ver la relativa facilidad con que Bishnu desarrollaba su tarea yo no podía sacarme de la cabeza que se trataba de un trabajo esclavizante. Definitivamente la vida urbana de Boston no me acostumbró a ver un trabajo tan físico como el de porteadores.
Decidí que la única forma de retomar la tranquilidad era hacer un rato el trabajo de porter yo mismo y experimentar directo sobre mi cuerpo de que se trataba. Así que en uno de los descansos le pedí a Bishnu el bolso. Su cara de sorpresa fue grande, pero al darse cuenta que mi pedido era serio me pasó la carga y me dió instrucciones básicas sobre como manejarlo.
Llevé el cargamento una media hora, por subidas y bajadas, hasta que llegamos a nuestro destino final del día.
Terminé cansado, y es muy probable que si lo hubiera tenido que cargar cinco horas al día mi físico hubiera colapsado. Pero al mismo tiempo me pareció menos pesado que lo que me imaginaba. Concluí que Bishnu no se iba a morir, ni a hacer mal, y que se trataba de un trabajo digno. Me relajé.
En la industria del software se dice que ‘you have to eat your own dog food´, en referencia a que uno tiene que ser usuario de la aplicación que vende vende (y encontrarle valor) antes de querer convencer a otros que la usen. En términos más generales se trata de pregonar lo que uno verdaderamente cree y no ser incoherente vendiendo un producto que uno nunca usaría.
My dog own food en este caso eran los 30 plus kilos de la carga. Después de ser mi propio porter por un rato me sentí mejor y más tranquilo pidiéndole a Bishnu que llevara la carga por nosotros. Me pareció bueno aplicar la técnica del own dog food como un reality check al momento de pedir algo. Ayuda ponerse en el lugar del otro. Igual para el próximo trekking con Euge nos prometimos llevar menos carga a la montaña.
En nuestro tercer día en la montaña nos levantamos a las cuatro y media de la mañana para ir a ver el amanecer. Ascendimos durante 45 minutos en la oscuridad y llegamos a Poon Hill, el punto más alto del trek a 3,253 metros sobre el nivel del mar.
En Poon Hill hacía bastante frío, pero nos tomamos un té calentito y esperamos que salieran los primeros rayos de sol que iluminaban los picos de las montañas más altas del mundo. Estuvo espectacular.
Hot Spring en Jhinu Danda 1,780 mts, Annapurnas, Himalayas
A todo aquel que necesite relajar después de un período de estrés, yo sugiero que si tiene la oportunidad, en lugar de recluirse en un Spa pruebe hacer trekking en Los Himalayas. Los seis días más relajados de nuestro viaje (casi más relajados que la playa en Bali) fueron en el Annapurna Sunrise Trek en Nepal.
La rutina era así:
Nos levantábamos temprano, alrededor de las seis y media o siete de la mañana, desayunábamos y salíamos a trekkear
Caminábamos entre cinco y siete horas, parando a almorzar y alrededor de las dos o tres de la tarde llegábamos a la casa de té donde pasábamos la noche
Nos dábamos una ducha, quizás dormíamos una siesta y puntualmente a las cinco de la tarde, Deu nos traía el té con galletitas, que en el fresco de la montaña resultaba un festín y siempre pedíamos más
Después del té normalmente leíamos hasta las siete y media u ocho cuando cenábamos, y a eso de las diez de la noche estábamos exhaustos durmiendo
Quizás en papel no suene tan atractivo, pero ahora va más.
La caminata de entre cinco y siete horas era a través de paisajes hermosos, que variaban todo el tiempo. Vimos cultivos de arroz y de maíz, pasamos por selvas, lagos, cataratas y arroyos. Como el 85% de la población de Nepal es rural y la geografía es eminentemente montañosa, uno se encuentra todo el tiempo con gente que vive en la montaña trabajando en sus cultivos. Así que también veíamos gente cultivando y nenes yendo a escuelas a 2,500 metros de altura.
Video que muestra el camino entre los Annapurnas
Después de caminar cinco o seis horas llegábamos transpirados, con la lengua afuera y con las piernas cansadas a los tea o guesthouses. A diferencias de los trekkings en otras montañas del mundo, en muchas áreas de los Himalayas existen casas de té para pasar la noche. El nombre se originó hace varias décadas cuando los nepalíes le ofrecían té y hospedaje a los extranjeros que pasaban por el camino. Hoy por hoy son una especie de hostales con restaurant donde uno cena, pasa la noche y desayuna, antes de seguir camino.
Video que muestra la primer casa de té donde paramos a dormir en Tikhedhungga (1540 mts)
Para mí, que poco disfruto de las carpas y la vida de campamento, esto fue muy bueno. En lugar de llegar cansados a armar carpas e improvisar baños, llegábamos a una habitación, una ducha calentita y comida fresca y rica, cocinada en el momento por los dueños del lugar. Si bien la infraestructura no era para nada lujosa, era muy confortable.
Así que pasábamos las tardes en las casas de té, que estaban en las laderas de la montañas, y tenían una vista increíble. Como no había mucho para hacer, normalmente leíamos durante muchas horas, tomábamos mucho té y comíamos.
Leyendo y tomando té en nuestra tea house en Tadapani 2,630 mts, Annapurna, Himalayas
Así que en fin, para mi la combinación de ejercicio y cansancio físico, con paisajes espectaculares y tardes enteras leyendo en la montaña, es una muy buena forma de relajar la mente y el cuerpo.
Vista en Poon Hill, Annapurna Circuit, Himalayas (New York Times)
Me desayuné los datos de la Lonely Planet en el avión que nos llevó de Guangzhou a Kathmandu. Nepal había aparecido en nuestro itinerario de un momento a otro como un destino marginal al lado de China y Japón, y no habíamos investigado demasiado al respecto. Minutos antes de salir de China compramos la guía y la abrí una o dos horas antes de aterrizar. Entre otras cosas me encontré con los siguientes datos:
Población: 29.5 millones de habitantes
Indice de Desarrollo de Naciones Unidas: #142 de 177 países (debajo de India, Pakistán y Bangladesh)
Esperanza de Vida: 62 años
Índice de Alfabetismo: 48.6%
Índice de Alfabetismo en Mujeres: 35%
Médicos cada 100,000 habitantes: 5 (550 en Italia)
Población que vive con menos de 2 USD por día: 82%
Población que vive en zona rural: 85%
Los datos estaban intercalados entre una seguidilla de historias trágicas. Un vuelo de cabotaje de Yeti Airlines que se cayó en el 2008 matando 18 pasajeros. Un príncipe que en el 2001 asesinó a sus padres y después se suicidó porque ellos no aprobaban su pareja. Una mujer que se tiró debajo de un elefante en la ceremonia donde velaban a los reyes. Largos y constantes cortes de luz durante la estación seca. Falta de tecnología y condiciones de seguridad en los aeropuertos. Migraciones de hombres a India (?!) a buscar trabajo. Explotación sexual y tráfico de chicos. Seguidillas de accidentes de tránsito por falta de mantemiento de los caminos. Tremendo.
La lectura terminó con un aterrizaje en la ciudad más oscura y desolada que vi en mi vida. El aeropuerto era un galpón gigante en malas condiciones. Esa noche me costó dormir, estaba intranquila pensando “¿dónde nos metimos?”.
Hoy hace solo una semana que dejamos Nepal y tengo ganas de volver. Sí, la infraestructura tiene todo por mejorar, pero hacía mucho que no me sentía tan a gusto en un país que no fuera el mío (o Boston). Después de esa noche, los siguientes 10 días fueron los mejores y más inolvidables del viaje y Nepal se convirtió en mi recomendación número uno para cualquiera que viaje a Asia.
Es difícil transmitir por qué, pero creo que la gente y la geografía son parte de la respuesta.
Los nepalíes nos recibieron con mucha calidez y después de pasar varias horas con nuestro guía y porter nepalíes, me quedé con la sensación de que además de muy buena gente, son humildes de corazón, serviciales, dulces y con un buen ritmo interno. Son esa gente de sonrisa fácil con la que se puede pasar varias horas en compañía confortable.
Nosotros estuvimos seis días en la montaña con Deu y Bishnu. Deu el guía y Bishnu el porter. Hoy pensaba, desde mi visión sesgada del mundo, si en lugar de nepalíes Deu y Bishnu hubieran sido japoneses, chinos o balineses… La experiencia hubiera sido radicalmente distinta.
De Izq a Der: Bishnu Nepali (porter), Lu Tourn y Deu Galhe (guía)
Un guía japonés hubiera sido servicial, sin duda alguna, pero tan reservado que la interacción se hubiera limitado a su función y no hubiéramos podido conocerlo demasiado. Un guía chino hubiera tenido un ritmo interno diez veces más acelerado y su servicio se hubiera limitado al paquete que contratamos con la agencia, ni un poco más, ni un poco menos. Un guía balinés hubiera tenido un ritmo interno tan lento, que el trek tendría que haber durado cinco días más para ver las mismas cosas y probablemente nos hubiera intentado vender toda clase de servicios o excursiones “extra”.
Con Lu coincidimos, Deu era un excelentísimo guía. Y eso que en el rango de la exigencia, se podría decir que soy muy exigente. Pero en fin, Deu era perfecto. Siempre de buen humor, alegre, contento de explicarnos por vigésima vez que la montaña con la punta nevada era Annapurna I y no Annapurna South. Increíblemente organizado y detallista y nos cuidaba como si fuéramos los hijos. Deu no hablaba un inglés fluido, pero se esforzaba para contarnos lo que podía sobre Nepal, los nepalíes, sus costumbres y para hablarnos de su familia y sus hijos.
No solo Deu era así. Todos los otros guías y porters que encontrábamos cada tarde en las guesthouses. Y la gente que vivía en la montaña. Mientras caminábamos durante las mañanas nos cruzábamos con mucha gente lugareña que nos saludaba con una sonrisa alegre y un “Namaste”. En fin, un gusto de gente.
Y también la geografía. No hay mucho que explicar sobre los Himalayas. Nepal tiene muchas de las montañas más altas del mundo y los caminos que te llevan a través de ellas son bellísimos. En este link están las miles de fotos que sacamos, que creo que es la mejor manera de explicar cuán lindo nos resultó Nepal. En fin, me alegra que el movimiento de placas tectónicas o el azar le haya dado los Himalayas a Nepal además de a China, porque los nepalíes están tan orgullosos de sus montañas, que es un placer recorrerlas con ellos.
Resumiendo, Nepal fue espectacular. Es impresionante como lo que uno lee en guías o diarios le genera pre-juicios y miedos. Me alegra no haber leído los datos del país hasta último momento, porque hubiera sido un error dejarlo afuera.
Con Lu pensamos que Hong Kong es una de esas ciudades que realmente vale la pena visitar. Una ciudad con buena infraestructura y transporte, oferta gastronómica y de entretenimientos, gran desarrollo edilicio y una geografía que le da un tinte mágico.
Hong Kong es una isla rodeada de montañas y otras islas. Construcciones sobre la montaña que la llenan de subidas y bajadas. Es una mezcla interesante de oriente y occidente. Habitantes chinos que hablan inglés y no se sienten chinos. Puestitos por todos lados que a la noche prenden las luces e iluminan las calles, bares llenos pasando música con gente en las calles. Hong Kong nos pareció espectacular. Nos quedamos cinco noches y nos fuimos con ganas de estar unos días más.
Como Lu es fan de los viajes en tren no quisimos perdernos de la experiencia en un tren chino. Así que decidimos hacer el trayecto de X´ian a Shanghai en locomotora nocturna. Partimos de X´ian a las 5 de la tarde y llegamos a Shanghai a las 9 de la mañana siguiente.
Hay distintos tipos de trenes en China dependiendo de las distancias a recorrer y ciudades a conectar, pero la mayoría tienen tres o cuatro clases distintas. Camarotes con cama para cuatro personas, camarotes con camas para seis personas, asientos y un área sin asientos.
En el hostel de Beijing conocimos un chico argentino que había viajado 20 horas parado. Tremendo. Después de escuchar la historia de Emiliano decidimos pagar unos yuanes más y sacar tickets para camarotes de a cuatro. Compartimos nuestro “camarote” con un chino y una china muy educados y respetuosos y el viaje resultó sorprendentemente relajado, confortable y a través de unos paisajes espectaculares.
El video muestra nuestro “camarote” y las facilidades del tren
“He who has not climbed the Great Wall is not a true man”
Mao Zedong
Durante la estadía en Beijing dedicamos un día a visitar La Gran Muralla China. Construida hace 2,000 años atrás en la parte norte del país para defender el imperio chino de invasiones extranjeras, la pared tiene una extensión de 8,800 kilómetros. La construcción se realizó en diversas etapas durante la dinastía Qin y la Ming y requirió el esfuerzo de cientos de miles de trabajadores, muchos de los cuales eran priosioneros políticos.
La leyenda dice que para construirla se utilizaron todo tipo de materiales e inclusive huesos de los prisioneros que morían trabajando en la construcción. También se dice que nunca cumplió con el objetivo de defender el país sino que se la utilizó más bien como una manera de transportar gente, armas y equipamiento a través de las montañas. Actualmente la muralla sigue viva gracias al turismo que trae más de 10 millones de visitantes por año. La pared está dividida en distintas secciones siendo Badáling la más turística. Nosotros recorrimos la sección de Mutiányu.
La verdad que impresionante La Gran Muralla. Increíble pensar que hace 2,000 años atrás los chinos levantaron una pared más extensa que la distancia que hay entre Buenos Aires y Boston, no?
El pabellón argentino está ubicado en la parte oeste del predio de la EXPO Shanghai, por lo que es necesario caminar casi toda la feria para llegar a visitarlo. Hace casi un año y medio que no piso Argentina y estoy ansiosa de recorrerlo y ver qué le queremos mostrar al mundo y a los 1.3 billones de chinos que cada vez tienen más capacidad de compra y acceso al turismo internacional.
Me imagino que va a hablar de Buenos Aires, de las Cataratas del Iguazú, de los Glaciares y de las Bodegas en Mendoza. Además de promocionar la carne y el Malbec y quizás también costumbres como el mate o personajes como Borges, Gardel o el Che Guevara. Me imagino que empresas como Arcor o Techint incluso aparezcan en el pabellón o que quizás promocionemos a la Agroindustria como un sector de alto desarrollo en el país.
Cuando lo veo a lo lejos me pongo contenta, el diseño color madera se ve a la vez típico y moderno. Me acerco para entrar, esperando que algún chico argentino me reciba en la puerta con un saludo de bienvenida como después me pasó en el pabellón de Chile, Dinamarca, Israel y España. Sin embargo, en lugar de un argentino hay dos chinos recepcionistas que me miran callados mientras entro.
El lugar es rectangular y tiene una especie de escenario en el centro donde se anuncia que en algunos minutos va a haber un show de tango. En dos de las cuatro paredes se proyectan imágenes de una argentina color sepia mostrando paisajes por región y algunas imágenes de fútbol. Parece haber un auditorio que está cerrado y también hay un restaurant típico.
Doy una vuelta más en búsqueda de más contenido pero nada. Se me estruja un poco el corazón. Pienso en los chinos que conocí en el viaje, que no sabían dónde quedaba Argentina o qué idioma hablábamos y me parece que no hay manera de que lo poco que se ve en el pabellón les haga algún tipo de sentido. No solo no hay nada escrito con datos concretos, cuántos habitantes, idioma o dónde está Argentina en el planisferio… sino que los videos parecen haber sido hechos para un programa de Siglo XX Cambalache y reciclados para la ocasión, nada atractivos al ojo humano.
A los dos minutos empieza el show de tango que resulta ser, a mi ojo inexperto, muy bueno. Me doy cuenta de que hay tres argentinos que son parte del stand del pabellón porque uno de ellos grita “BRAVO! BRAVO!!!!” para dar por concluido el show y veo que tiene una identificación que lo presenta como staff del stand. Los chinos aplauden furiosos, parece que disfrutan del espectáculo, pero el show termina y la mayoría se va, sin mucho más para hacer en un pabellón que no se entiende bien qué quiere mostrar o a qué vino a la exposición.
Me quedo triste, pensando no sólo en cómo desaprovechamos las oportunidades sino cómo además generamos una imagen negativa. El pabellón le cuesta al gobierno (o sea, a vos y a mí), 6 millones de dólares. Los tres argentinos que están en el stand vestidos de jeans y zapatillas, no solo no hacen un trabajo de promoción sino que tampoco nos prestan mucha atención o nos dan información cuando con Lu nos acercamos a hablarles.
Me frustro un poco más cuando visito el pabellón de Brasil y más tarde el de Chile.
El pabellón de Brasil tampoco tiene brasileros dándome la bienvenida, pero sí tiene pantallas touch screen que muestran fotos del país junto con información súper didáctica en inglés y en mandarín, que a los chinos les parece encantar porque están todos agolpados en las pantallas y yo tengo que esperar un rato para poder verlas. La información es interesante y educativa, no solo muestra datos básicos sino también habla de avances tecnológicos. Está sponsoreado por VALE, la empresa brasilera minera con operaciones globales y también hay imágenes que auspician las ciudades donde se va a jugar el Mundial 2014 y las Olimpíadas del 2016.
Pabellón de Brasil en la Expo
El pabellón de Chile queda a unas cuadras. Cuando entro una chica chilena uniformada con ropa que indica que es parte del staff del lugar me ve cara “no china” y me recibe con un “hola” alegre y un “de dónde sos?” antes de darme la bienvenida a su pabellón con gran orgullo. El pabellón chileno me parece de otro nivel desde que entro. Hay una tropa de chilenos uniformados durante todo el recorrido que me asisten, me guían y me responden preguntas sobre el país. Cada chileno tiene un chino al lado, para poder responder preguntas en mandarín, español o inglés sin inconvenientes.
El lugar me resulta muy bien logrado pero algo abstracto hasta que llego a la parte final y encuentro una mega pantalla touch screen con información sobre el país, las distintas ciudades, la cultura y las industrias. Me acerco a una de las chicas y me cuenta que Chile entrenó y mandó 40 chilenos a trabajar al stand durante 6 meses para asistir a los visitantes. Camino un poco más y me choco con una gran exhibición de vinos y con un stand donde se puede tomar una copa y saborear una empanada.
Exhibición de vinos en el pabellón chileno
Le pregunto a Lu si las empanadas no eran argentinas y decidimos ahogar la frustración con el Cabernet chileno que sabe 10 puntos. Cantamos “Bingo” cuando dos chilenos de la Asociación “Wines of Chile” nos vienen a saludar. Nos cuentan cómo negociaron durante un año con los organizadores de la EXPO para poder importar los vinos a China, exhibirlos y venderlos en la Exposición. También nos cuentan cómo la Asociación representa a TODAS las bodegas chilenas.
Terminamos el recorrido cuando el Director del Pabellón chileno vestido en un traje impecable se nos acerca, presenta y saluda, antes de disculparse porque necesita seguir acompañando a la delegación mexicana a la que le estaba mostrando el lugar.
Ninguna de las expectativas que tenía hace una hora sobre el pabellón argentino se cumple. No hay buen contenido, no hay Malbec, y aunque los “organizadores” se dan cuenta que soy argentina hacen como que no me ven. Además me doy cuenta que no es necesario ser Dinamarca, China o Inglaterra para poder informar con seriedad o darle una cálida bienvenida a los visitantes. En fin, el argentino me parece un pabellón muy poco serio, poco responsable. Los argentinos del pabellón parecen tener más ganas de irse que de estar ahí y dar a conocer el país. Me quedo triste.
En menos de un mes vuelvo a Argentina después de unos años de estar afuera. Ojalá pueda poner mi grano de arena en trabajar por un país un poco más serio.
Este es el video que filmé en el pabellón argentino. Lu dice que el pabellón parece mejor de lo que en realidad era. Creo que tiene razón. No filmé el de Brasil ni el de Chile, donde se puede comparar mejor las diferencias, pero intenté incluir links y algunas fotos.