Publicado el 14 de septiembre de 2010 — 2 Comentarios
Las decadencia de la educación en Argentina está otra vez en la tapa de los diarios como consecuencia de las tomas de los colegios, y ultimamente también de las universidades, en Buenos Aires. Aún si se cumplen con las demandas de los estudiantes respecto a las mejoras edilicias, y así se logre calmar los ánimos de protesta, vaticino que el sentido de las cosas va a seguir igual que antes: descendente.
La razón es que el problema educativo pasa por otro eje. La calidad de la enseñanza es la clave. Al analizar los resultados de sus donaciones para mejorar la educación, Bill Gates es categórico:
Great teaching really is the centerpiece of a strong education. Only by raising the quality of teaching are we going to make a big improvement in education.
El problema es que este diagnóstico nunca puede ser hecho por estudiantes, por la siemple razón de que no cuentan con la información ni la capacidad para llegar a este tipo de conclusiones. Pasa lo mismo en salud: un paciente puede evaluar la calidad de su atención sólo en los aspectos que experimenta – la puntualidad del médico, el trato humano, la higiene del lugar, etc – pero nunca en cuando al factor más relevante que es la idoneidad médica. En las ciencias económicas y sociales se dice que dicha limitación es una consecuencia de la asimetría de información.
Las protestas estudianties, realizadas con el nefasto e ilegal método de corte de calles, apuntan a mejorar los defectos de infraestructura. Pero el tema de la calidad educativa, de lo que constituye un buen maestro o un buen profesor, escapa completamente del análisis estudiantil. Si para marcar la agenda de lo que importa en educación vamos a esperar a lo que hacen los estudiantes estamos fritos.
Solucionar el problema educativo requiere un tipo de liderazgo a largo plazo, con compromiso de recursos en lo importante – mejora de la calidad de los profesores y maestros – y no sólo en lo urgente.
Ayer hubo una catarata de tweets y comentarios en blogs y prensa sobre la cancelación que hizo el Gobierno de la licencia de Fibertel para brindar conexión a Internet. La mayoría de los análisis se centran en la disputa política entre el Gobierno y el Grupo Clarín, que viene de lejos y escala cada vez un poco más (un buen resúmen acá).
Yo quiero poner el acento en otro lado: dónde están las prioridades del país. Por lo que he visto hasta ahora, en Argentina son más fáciles de obtener licencias para poner casinos (sobre todo si sos amigo del poder) que para brindar servicios de Internet.
Hace unas semanas quedé impactado al visitar el City Center en la entrada a Rosario. Un mega casino de lujo increíble, más grande que cualquiera que haya visto en la mismísima Las Vegas. Es una una mole de cemento, amurallada y vigilada, rodeada por los asentamientos más precarios, pobres y marginales de la ciudad. Una imágen muy triste de la desigualdad cada vez más espantosa que existe en el país. Mucha gente viene de varias provincias a jugar a las maquinitas y torneos de poker, perder plata y enriquecer al dueño, Cristóbal López. En esta “industria” si que nos estamos pareciendo al primer mundo.
En contraposición a las licencias fáciles para los casinos, la provisión de Internet se limita como debería limitarse el juego. Internet es una de las herramientas más poderosas para la educación y uno de los factores clave para hacer un mundo interconectado. Thomas Friedman dice que The World is Flat en gran medida porque existe Internet. Los países pobres y emergentes están acortando la brecha gracias a la información y el acceso que brinda internet.
Pero en Argentina, en gran medida por las disputas políticas del poder, vamos en el otro sentido. Razones pueden dar muchas: que el Gobierno quiere limitar el triple play de Cablevisión, el monopolio de Clarín, y demás. Pero a mi juicio las prioridades de nuestro gobierno están bastante claras: nos acercamos a Las Vegas abriendo casinos y salas de juego, y nos alejamos cada vez más del Silicon Valley al limitar proveedores de internet. O sea, el modelo de Estados Unidos, pero patas para arriba.
La tercearización de desarrollo de software por parte de empresas del primer mundo en países donde los sueldos de programadores son más bajos es una tendencia que ya tiene varios años. Quizás el pionero en ofrecer servicios de este tipo, conocidos como software factory, fue Infosys en la India. Hoy Infosys es un monstruo de más de 100 mil empleados con oficinas en 22 países. A partir del liderazgo de Infosys se desarrolló una enorme industria de outsourcing de IT en la India, y más tarde en otros países emergentes, entre ellos la Argentina.
Hay mucha demanda por estos servicios por una razón muy simple: la hora de un programador de mediana experiencia cuesta aproximadamente de 70 a 100 dólares la hora en Estados Unidos, miestras que en Argentina se pueden conseguir por menos de 30 dólares, con igual capacitación.
El factory más grande de Argentina es Globant con más de 1000 programadores en su staff, que tiene su sede en Buenos Aires. Pero en las últimas semanas estuve comprobando que Rosario se ha convertido en polo muy importante de servicios de software factory, y con un perfil propio. A diferencia de Globant, las compañías de IT outsourcing en Rosario son más chicas – emplean de 5 a 40 programadores -, tienen precios más bajos y apuntan a otro segmento de cliente. Mientras Globant sirve a líderes como Google con todo menú de lenguajes de programación y perfiles – desde project managers hasta programadores junior -, las empresas Rosarinas se enfocan en ciertos lenguajes y emplean programadores más junior, en proyetos más chicos. Esto les dá una ventaja de precio y flexibilidad que los hace atractivos.
Hablando con la gente de Sesa Select, que se dedican a personal temporal y búsquedas de recursos humanos, me comentaban que a causa de este boom de software factories, en Rosario ya es casi imposible encontrar a un estudiante o graduado de Sistemas o Informática que no tenga trabajo. Pero me decían que una de las deficiencias que encuentran en estos jóvenes es el idioma inglés, del que la mayoría sólo maneja lo básico. Hoy por hoy conocer programación e inglés te conviernte en un recurso súmamente codiciado y bien pago.
Me parece una excelente noticia para Rosario que nos estemos acoplando a la economía global del conocimiento y la información. El próximo paso sería pasar de ser proveedores de servicios a pedido, a generadores de productos de software innovador. Para eso todavía nos falta, no tenemos un ecosistema de emprendedores creativos ni tampoco el acceso a la financiación para soportarlos. Pero la tendencia en cuanto a software factories es un primer paso y una excelente noticia.
Todos sabemos lo lamentable que está la televisión argentina. Basta decir que a Fort lo entrevistan a toda hora como si fuera Nelson Mandela.
Pero el otro día en un zapping desesperado descubrí una perla: Encuentro en el Estudio, por el canal Encuentro conducido por Lalo Mir. Para mi fue una sorpresa pero seguro que los que buscan tele argentina de calidad ya lo conocen.
El formato es una mezcla de grabación de estudio y entrevista íntima con el músico invitado. Lalo Mir es un gran entrevistador, sabe de música y logra un clima muy bueno con los músicos, que se sueltan en diálogos muy jugosos.
Me enganché con Kevin Johansen, que cuenta sobre su niñez en Alaska y luego su vida itinerante por varias ciudades de Estados Unidos, a la que se refiere en este lindo tema que se llama Road Movie:
Johansen es un músico multicultural y cosmopolita, y por eso tiene un toque distinto dentro de la música argentina. La emisión con Santaolalla, otro tipo con mucho mundo encima, es impresionante, con el punto más alto en esta interpretación del tema de la película Brokeback Mountain:
El programa tiene un canal de Youtube donde están colgadas las emisiones pasadas, todas geniales y muy recomendables.
En el último Economist hay una muy buena nota sobre lo que significa ser extranjero en el mundo de hoy. Siendo yo mismo un extranjero en Boston hace casi 4 años me sentí identificado con muchas de las ideas. Se me ocurrió repasarlas acá y contar mi perspectiva sobre cada una.
For the first time in history, across much of the world, to be foreign is a perfectly normal condition (…) the foreign-born average in the rich world is over 8% of a given population.
Esto no puede ser mas cierto en Boston. Algunos la llaman la Atenas de Estados Unidos por la cantidad de Universidades y centros de educación que hay. El corolario: gente de absolutamente todos los países del mundo. Ser extranjero acá es más la regla que la excepción. No se los números exactos pero sin dudas estamos mucho más arriba que el 8% promedio, más cerca del 30% estimo.
…all other things being equal, foreignness is intrinsically stimulating. Like a good game of bridge, the condition of being foreign engages the mind constantly without ever tiring it. John Lechte, an Australian professor of social theory, characterises foreignness as “an escape from the boredom and banality of the everyday”. The mundane becomes “super-real”, and experienced “with an intensity evocative of the events of a true biography” (…) living in a foreign country can evoke many of the emotions of childhood: novelty, surprise, anxiety, relief, powerlessness, frustration, irresponsibility.
Concuerdo 100%. Si hablamos de los emigrantes por elección (no los que se fueron por la falta de oportunidades en su país de origen o por exilios políticos, etc) llegar al nuevo país tiene un componente de aventura y adrenalina que estimula muchísimo. No hay días aburridos. Descubrir la nueva cultura es fascinante. Aún después de haber pasado la adaptación inicial el estado de alerta persiste. Las rutinas del extranjero, al menos en mi caso, nunca son comparables a las rutinas de tu país de origen. Siempre tenés una veta de riesgo, de imprevisibilidad, de descubrimiento, las cosas nunca son un acto reflejo sino que se hacen con un nivel de awareness (no se como traducirlo) que uno no tiene en su hogar.
Perhaps foreigners are, by their nature, hard to satisfy. A foreigner is, after all, someone who didn’t like his own country enough to stay there. Even so, the complaining foreigner poses something of a logical contradiction. He complains about the country in which he finds himself, yet he is there by choice. Why doesn’t he go home?
De nuevo, aclaremos acá que se habla de los extranjeros por elección. Mi experiencia es que si, somos difíciles de satisfacer, y por eso la búsqueda de otros horizontes. Respecto a la queja, no me la banco mucho. Ni hacia el país que te recibió ni al que dejaste. De los emigrantes Argentinos en Boston, la segunda es la más común, y por eso me veo varias veces en la posición de recordarles a mis amigos de acá las partes positivas de la vida en Argentina. No hay que caer en la idealización de lo extranjero tampoco, no es necesario para apreciar lo positivo.
But we cannot expect to have it all ways. Life is full of choices, and to choose one thing is to forgo another. The dilemma of foreignness comes down to one of liberty versus fraternity—the pleasures of freedom versus the pleasures of belonging. The homebody chooses the pleasures of belonging. The foreigner chooses the pleasures of freedom, and the pains that go with them.
El artículo es genial porque cierra con el punto clave de la emigración. Al principio en extranjero siente que tiene las dos cosas: la libertad de un mundo donde no te conoce nadie y también el hogar, que está listo para recibirte de nuevo cuando quieras pegar la vuelta. Pero al pasar el tiempo el trade off se hace cada vez más claro. Ya el hogar empieza a resultar ajeno, los amigos cambiaron, la familia tiene rutinas que no te incluyen. Si pensás tener hijos y crecen en otro país la pertenencia se diluye aún más. Por eso hay un momento donde esta decisión de pertenencia versus libertad tiene que ser tomada.
Con Euge vamos a volver a Rosario por elegimos la pertenencia. Pero creo que ambos pensamos (quizás con ingenuidad, no sé) que es posible combinarla con un grado de libertad aprendido y bien ejercido acá y al que no queremos renunciar. Se nos ocurren maneras de llevarlo acabo. En un par de años podré escribir sobre si tal cosa es posible.
El viernes pasado fuí a una charla de Alan Clutterbuck en la Kennedy School of Government. Alan nos hablo del trabajo que está haciendo la fundación que preside llamada Red de Acción Política (RAP). Me pareció un tipo muy inteligente, claro, y que está haciendo cosas muy valiosas para mejorar la calidad de nuestra democracia y de nuestra la política.
Para explicar que es RAP nada mejor que remitirse a lo que dice su website:
RAP (Red de Acción Política) es una fundación plural y apartidaria que promueve la formación y el desarrollo de una mejor dirigencia política a partir de una visión de país, un auténtico espíritu republicano, una vocación de fortalecer el marco institucional y un conjunto de valores, principios y conductas compartidas.
RAP pretende generar un espacio de articulación entre (i) hombres y mujeres que desarrollan una vida política activa y que son invitados a integrarse a la fundación (Políticos RAP); y (ii) ciudadanos e instituciones con vocación de involucrarse en temas relacionados con la cosa pública y hacer un aporte al país desde un ámbito no partidario.
Asi como Endeavor selecciona emprendedores que tienen gran potencial, RAP selecciona políticos indentificados con principios éticos y valores y los ayuda a formarse, perfeccionarse y los acompaña para que desarrollen una labor más efectiva. A diferencia de Endeavor, RAP quiere mantener el bajo perfil y no ser usado como una marca que diferencie a los políticos.
La idea es muy buena, y por suerte la ejecución también parece marchar muy bien. Ya hay 108 políticos RAP seleccionados, y se mantiene un criterio diverso que trata de abarcar a la mayor cantidad de partidos políticos y provincias. Rosario tiene cuatro en la lista, incluído el intendente Miguel Lifschitz. Sin dudas si el gobierno nacional tuviera la calidad y trasparencia del de nuestra municipalidad las cosas estarían mejor (pero este es tema de otro post).
De los temas de la charla, por demás jugosa, hay algunos que me gustaría compartir con ustedes:
Alan dijo que el problema de nuestra democracia es que no tiene una estructura de partidos políticos sólida sino que se trata de movimentismos detrás de líderes (desde Perón pasa esto, no?). En otros países los partidos políticos son la base desde donde se forman los cuadros técnicos, se gestan los programas de gobierno, se ejecuta un fund rasing transparente. En Argentina todo el accionar del político se concentra en ganar elecciones, todas las alianzas son sólo funcionales a este objetivo. Nadie se dedica a planear como gobernar, a formar funcionarios ni alianzas de largo plazo. Una vez electo el político dice: y ahora que carajo hago?
Hablamos de la increíble reacción popular ante la muerte de Alfonsín. Más que una exaltación de las cualidades de Alfonsín lo interpretamos como una reacción a la cultura del enfrentamiento, del no diálogo y la agresión que prima en nuestra política (y por que no en nuestra sociedad toda). La gente no quiere más vivir en estado de enfrentamiento permanente sino ir hacia el objetivo común de progreso como Nación.
Tocamos también el problema de los magrísimos sueldos que ofrecen los cargos públicos. En una actitud bastante populista muchos Argentinos esperan tener políticos de calidad y al mismo tiempo que hagan su trabajo casi gratis. Asi entonces estos incentivos atraen a gente poco profesional que se dedica a la política porque no podría ser exitosos en ningún otro ámbito (y además están dispuestos a “compensar” los bajos sueldos con corrupción). Los más capaces actúan en la esfera privada dónde van a recibir una retribución más adecuada a sus méritos y formación. Alan lo sintentizó más o menos de esta forma: la democracia no es gratis sino que cuesta mucha plata y los Argentinos tienen que decirse si están dispuestos a pagar por ella lo que vale. Concuerdo cien por ciento.
Alan comentó que RAP organiza viajes para que sus políticos conozcan como se gestiona y se manejan los partidos en naciones desarrolladas, por ejemplo España. Es una de las actividades de mayor impacto porque los políticos vuelven con otra mentalidad, con la certeza de que otra realidad es posible. Puedo entender muy fácil por qué esto es así. Viajar y conocer otras realidades y culturas abre la cabeza como pocas cosas. RAP trabaja para que nunca más ocurra que el primer viaje al exterior de la vida de nuestro presidente sea después de ser electo (como ocurrió con Kirchner).
En definitiva, gran trabajo de la fundación RAP y de Alan. Ver a gente haciendo estas cosas me dan ánimo para volver al país y colaborar desde mi lugar.