Bali, Imaginario del Paraíso


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[Por Euge]

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Siempre supe que las expectativas tienen un rol importante en la percepción de la realidad. Una vez leí un libro que decía que cuando lo que pasa en la realidad no satisface las expectativas de una persona, el restultado es frustración. Eso fue una especie de click  y de ahí en más siempre intenté manejar mis expectativas lo mejor que pude. Lo que nunca había pensado es qué pasa con las expectativas cuando uno viaja?

En fin. Resulta que un día dijimos con Lu “estaría bueno pasar por Bali, no?” y ahí empezó todo. Yo imaginaba que cuando uno viaja a un lugar que tiene un nombre que suena tan lindo como “Bali”, que además es una isla de Indonesia en el Océano Índico, uno llega y se le cae el paraíso a la cabeza.

Me imaginaba todo el cuadro, bajando del avión a un aeropuerto rodeado de palmeras con música tropical de fondo. Pensaba que nos iban a recibir chicas balinesas cantando el ula-ula mientras nos adornaban con collares de flores. Que íbamos a llegar a un hotel en frente de una playa de arenas blancas y aguas azules y que la gente del lugar nos iba a recibir con alegría.

No sé de qué película de Hollywood saqué todas estas imágenes, pero está claro que mi cuadro del paraíso es muy distinto a Bali y que lo de las expectativas no me funcionó muy bien.

Los primeros días paramos en Kuta Beach. La Lonely decía que Kuta era uno de los “Top Picks” de playas en Bali… La playa es linda y ancha, pero como cualquier otra, sin arenas blancas o aguas azules. El pueblo, Kuta, no muy lindo. O sea, normal, un pueblo de playa tipo Villa Gessell pero con la característica de que toda la población de Kuta vive del turismo. Eso genera un ruido de fondo constante de balineses ofreciendo toda clase de servicios, todo el tiempo. Los gritos de “masajes”, “clases de surf”, “transporte”, “comida”, “taxi”, “excursiones”, “por favor entre a mirar”, etcetcetc, son ininterrumpidos.

Estuvimos ahí unos días y huimos hacia Gili Trawangan, en búsqueda de las palmeras y el paraíso. Gili T, como la llaman los locales, es una isla de 800 habitantes a dos horas en bote desde Bali. Ahí sí encontramos playa de arena blanca y aguas azules y nos echamos contentos panza arriba a leer y tomar sol durante cinco días.  La interacción con la gente local era lo menos fácil. La población de Gili T se dividía en dos: australianos en sus veintes y balineses en sus veintes, vendiéndoles a los australianos. El tormento de “transporte” y “comida” era el mismo, pero se le agregaba “marihuana!” y “magic mushrooms”.

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Playa de Gili Trawangan

En fin, la pasamos muy bien en Bali… pero no es lo que uno imagina como “el paraíso”. Ahora estamos en Ubud, que es un pueblo en el centro de la isla muy pintorezco; pero todavía pienso en lo de las expectativas, en cómo uno se genera una imagen de un lugar y espera que el lugar, como dicen los yanquis: “live up to the expectations”.

Rolf Potts hace una mención relacionada a este tema en su libro “Marco Polo Didn´t Go There”. Potts cuenta que cuando los productores de Hollywood fueron a filmar la película “The Beach” con Leonardo Di Caprio a Ko Phi Phi Leh en Thailandia, lo primero que hicieron fue retocar el paisaje agregando cocoteros y plantas artificiales porque el lugar no les parecía suficientemente paradisíaco y porque en su visión del mundo, el paraíso es un lugar con muchas palmeras.

En fin, se ve que las expectativas juegan en los viajes, el mismo papel que en la vida cotidiana.

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