Aplausos para los Japoneses!
[Por Euge]

Después de seis días, en este momento dejamos Tokyo para seguir recorriendo Japón hacia el Oeste. Si bien la ciudad es muy linda, Tokyo es muy occidental. Hasta tiene algún parecido a una Nueva York poblada de Japoneses. Pero lo que Tokyo sí tiene bien distinto es su sociedad. Con una mezcla de humildad, generosidad, honestidad y atención, los japoneses se ganaron todo nuestro respeto.
Kei, amigo japonés de Lu de MIT, nos recibió el Miércoles a la noche y todavía sigue cuidando de nuestra estadía en su país. Miércoles, Jueves y Viernes nos llevó a cenar a restaurants típicos para que probáramos todos los platos característicos de Japón. A mi casi no me conocía, pero en cada cena se preocupaba porque la comida me gustara, porque tuviera suficiente agua, vino o cerveza, porque estuviera satisfecha o porque estuviera bien de calor o frío. También fue muy generoso con nosotros. Nos buscaba en el hotel y cada noche era una lucha pagar la cuenta porque siempre nos quería invitar.
Organizó una cena a la que también vinieron Go y Akane, otros dos japoneses de MIT, y tuve la misma sensación. Sobre todo porque Go llegó a las 10 de la noche de su trabajo y se quedó dos horas porque después tenía que volver a la oficina a seguir trabajando. Nos contó que trabaja cada día hasta las 12 de la noche, que ve muy poco a sus dos hijitas y que el Domingo se iba de viaje de negocios a Estados Unidos y México por varios días. Pero Go se tomó dos horas de su Viernes a la noche para venir a cenar con nosotros.
Tokyo es también la ciudad más limpia que conocimos hasta ahora y me arriesgaría a decir, la ciudad más limpia del mundo. Impecable, brillante. Ni un papel en la calle, nada. Los subtes más pulcros del mundo. Y a la vez, Tokyo es una ciudad casi sin tachos de basura. Por alguna razón que todavía desconocemos, no se encuentran tachos de basura en las veredas de la ciudad. Cuando le preguntamos sorprendidos a Kei acerca de la ausencia de tachos de basura, no pudo explicarla porque no la había notado (!!). O sea, los 12 millones de japoneses que viven en Tokyo guardan toda la basura en su bolsillo hasta que vuelven a su casa y la tiran o encuentran alguno de los tachos de basura escondidos que están por ahí. Uno creería que para que una ciudad esté limpia se necesitan tachos de basura en cada esquina. Tokyo demuestra que no, que la educación y la cultura son suficientes para mantener limpia la ciudad.

Y lo último a destacar, el sumo respeto por las personas mayores. Empezamos a entender esto con Kei, que se dirigía respetuosamente a Go como “my senior”, solamente porque Go es dos o tres años más grande. Y terminamos de entender el respeto a los mayores cuando con perzo comprábamos un café en Starbucks.
Estamos haciendo la cola y después de esperar un rato llega nuestro turno. Nos acercamos para pedir y de golpe un viejito sale de la nada y se nos mete adelante. Con perzo nos miramos completamente indignados, pensando “caradura!”, miramos a la chica detrás del mostrador enojados y vemos que ella atiende al anciano con la mayor naturalidad del mundo. Nos volvemos a mirar como entendiendo lo que pasó, y ahí sonreimos admirados.
En fin, vale la pena viajar desde del otro lado del mundo para conocer a los japoneses.
Kei cocinando Okonomiyaki
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Euge y Lucho: el lugar donde se ve cocinar a Kei ¿es un restaurant? No tenemos aquí lugares para cocinarle a otro fuera de casa (bueno, tampoco tenemos esos hábitos de limpieza, ni ese respeto por los ancianos, ni la costumbre ni las ganas de trabajar hasta las 12 de la noche).
Lo de la ciudad sin tachos ni basura ¡es increíble! (quizás ahora que lo “avivaron” a Kei, las cosas cambien)
que ganas de ir a esa ciudad ya mismo! que bueno que la pueden recorrer con locales, supongo que no sería lo mismo solos por las barreras del idioma y la cultura