Poder estudiar en el MIT, y pasarme 4 años viviendo en el campus fue una de las experiencias más formadoras de mi vida.
Una de la razones más copadas que encuentro para bloguear es motivar a otros a querer hacer esa experiencia tan fantástica, y mostrarles que es algo factible. Por eso cuando recibo emails como este de Ariel Pozo, un mendocino de 16 años, me pongo tan contento:
…tu blog lo encontré por que soy un gran fanático del MIT, al cual algún día me gustaría asistir, es asi que un día me propuse googlear para ver si algun argentino realmente podía aspirar a algo asi, ahí fue cuando encontré tu antiguo blog en blogspot, la misma noche que lo encontré me leí todos los posts (…) mi sueño es ir al MIT.
Este es un blog escrito para todos aquellos que como Ariel se quieren superar día a día. MIT – o cualquier otro gran sueño – siempre se puede alcanzar con buena planificación, esfuerzo, perseverancia y un poco de suerte. Desde acá bancamos a Thomas Edison: Genius is 1 percent inspiration and 99 percent perspiration.
A gobernantes y líderes se los suele evaluar luego del primer trimestre en la posición. El cumplimiento de los primeros 100 días es el punto donde se realiza el primer balance importante.
Para mi es una buena oportunidad para tomarse un tiempo, salir de la diaria y reflexionar un poco sobre la “industria” de la salud.
Mi primer punto tiene que ver con una característica distintiva del sector: brindar servicios de salud hace de los hospitales y clínicas lugares de emociones fuertes. Es algo obvio pero uno no experimenta hasta que no está adentro. Bien lo dice Paul Levy, ex CEO del Beth Israel de Boston, en su muy buen blog:
There is no more dramatic place in the world than a hospital. There is pathos, humor, pain, and relief.
Por supuesto que hay enfermedad, dolor, angustia. Pero también alegría, recuperación, reencuentro. Y un equipo de personas que pelea día a día para que los segundos adjetivos sean los preponderantes. Por este alto dramatismo se hace tanta ficción sobre hospitales/médicos – Private Practice, Grey`s Anatomy, ER y otros- y no mucha sobre, digamos, fábricas de jabones.
Se sorprenderían al saber que hay muy buenos pensadores que escriben y analizan los desafíos del mundo médico. Mi preferido hasta el momento es el cirujano Atul Gawande. Escribe artículos memorables para The New Yorker como este y este otro, además del muy buen libro The Checklist Manifesto. También hay gurues del management que se interesan por esta industria: Clayton Christensen y Michael Porter escribieron sendos libracos donde analizan los desafíos del sistema de salud americano.
La innovación es algo que está en el ADN del sector. El Grupo Gamma nació para capitalizar dos grandes descubrimientos de principios de los 70s: el tomógrafo y el resonador magnético. Ambas tecnologías revolucionaron por completo el diagnóstico médico, y por qué no decirlo, también hicieron de las empresas de salud negocios más rentables. De aquellos años hasta las tendencias actuales de personal genomics y medicina personalizada lo único constante fue la innovación. Por eso creo que en salud se aplica muy bien aquella frase de Andy Grove de Intel: only the paranoid survives.
Una paradoja es que, aún habiendo tanta innovación, la salud ha sido lenta en aprovechar las tecnologías de la información e internet. En USA menos del 40% de las clínicas tiene historias clínicas informatizadas, y todas ellas desconectadas e incompatibles entre si. Hay otra tendencia de gran potencial en mi opinión, que algunos llaman health 2.0: el empowerment del paciente a partir de hacerlo dueño de su data de salud (via Personal Health Records), y de tomar un rol activo en la cura de su enfermedad.
Por último, para alguien que viene de consumo masivo, hay una gran continuidad aquí: la salud es un consumer business, y como tal es clave la construcción de marcas. El marketing en salud ha sido siempre muy conservador, poco disruptivo, y aquí también hay un gran potencial para cambiar las reglas del juego.
Mi libro de estas vacaciones es Where good ideas come from, de Steven Johnson. Voy por la mitad pero ya lo puedo recomendar a todos los interesados en la innovación, tanto en su vida personal como en las organizaciones.
Johnson hace un análisis casi arqueológico buscando identificar los factores que generan ambientes innovadores. Se remonta al origen de la vida y abarca desde lo microscópico – procesos químicos en las células – hasta el rol de las grandes ciudades como multiplicadores de buenas ideas.
Hay un concepto que elabora Johnson que me parece clave: la capacidad de conectar como catalizador de innovaciones. Es algo sobre lo que estuve pensando bastante en estos meses desde que llegué a Argentina.
Dice Johnson que la primera innovación – la creación de vida en la Tierra por la combinación de átomos de carbono – da la pauta de un patrón que se repite en todas las buenas ideas:
(…) when we look back to the original innovation engine on earth, we find two essential properties. First, a capacity to make new connections with as many other elements as possible. And, second, a ‘randomizing’ environment that encourages collisions between all the elements in the system.
Hace una semana un amigo me preguntaba como me sentía en la industria de la salud, dado que nunca antes había trabajado ni siquiera en servicios. Al pensarlo, le respondí que hasta el momento veo mi experiencia – en campos totalmente diferentes a la salud – como un asset más que un liability. Las buenas ideas surgen de las conexiones y analogías:
- el concepto de conversion funnel en e-commerce es muy útil para analizar el tránsito del paciente desde que pide el turno hasta que es asistido. Me permitió detectar los puntos de drop off e iniciar proyectos para evitarlo
- el trading up del retail – el ejemplo clásico es la cajera de mcDonalds preguntándote si querés agrandar las papas y la coca – me mostró oportunidades de vender servicios adyacentes en salud
- algo muy común en otras industrias como el CRM es casi inexistente en salud. Veo un gran potencial al integrarlo con la información de la historia clínica de pacientes, en un data mining que alerte sobre la necesidad de chequeos
En resumen, estoy 100% de acuerdo con Johnson cuando dice: A good idea is a network.
La gran pregunta entonces es… ¿como se entrena a la mente para realizar conexiones? En el libro se mencionan condiciones del contexto (vivir en grandes ciudades, trabajar en organizaciones con oficinas compartidas) – y hábitos (llevar un diario de ideas, tener rutinas como caminar, etc). Mi opinión es que se logra a través de una educación de excelencia, que privilegie la interdisciplina.
La educación me interesa cada vez más y seguro será un tema recurrente del blog.