Vivir en Rosario

Publicado el 27 de octubre de 2010 — 15 Comentarios

[Por Euge]

Vista desde nuestra casa en Rosario

La pregunta siempre surge. En las cenas, por teléfono, con familiares o amigos. Con cara de curiosidad, de preocupación o de alegría, muchos me preguntan:

“Y.. ¿qué tal Rosario?”
“¿Está bueno Rosario?”
“¿Te acostumbrás a vivir en Rosario?”
“¿Te trata bien Rosario?”

Y la respuesta es que sí, Rosario me gusta. Y me gusta por varias razones… el tamaño de la ciudad, el aire bohemio, el monumento a la bandera, las ferias de artesanos, los espectáculos y algunas otras. Pero la verdad es que hay dos cosas que son las que hacen de la ciudad un lugar donde yo disfruto vivir:

1) El río
2) La gente de Rosario

En Boston vivimos cuatro años frente al río Charles. La vista desde casa era preciosa, cada persona que nos visitaba quedaba asombrada. Como nuestra casa quedaba del lado de Cambridge y yo trabajaba en Boston, todos los días cruzaba el puente que une las ciudades separadas por el río. Era una hermosura, el Charles y yo teníamos una relación frecuente y yo me sentía afortunada.

Vista desde nuestra casa en Massachusetts. Estábamos del lado de Cambridge y se ve el skyline de Boston. Yo trabajaba en el Prudential, el edificio más alto que se ve en la foto y cruzaba el Charles todos los días para ir a trabajar.

Pero eso hasta que llegué a Rosario. Esta ciudad me mostró lo poco que en realidad la gente disfruta del Charles en Boston. En Rosario, la gente y el río son uno. El río está integrado a la ciudad, y la gente está integrada al río. Rosario tiene la costanera más larga y ancha que yo haya visto alguna vez. Kilómetros de césped, caminos, bancos, parques, árboles y bares, le dan magia al margen del Paraná.

Los fines de semana el río se puebla de gente de todas las edades. Hay familias con hijos, adolescentes y grupos de amigos. Gente que toma sol o mates, que escucha músicos o ve espectáculos, que compra artesanías o se reúne en bares. La costanera rosarina, que por alguna razón nadie llama “costanera”, porque todos se refieren “al río”, es un lugar increíble para disfrutar cualquier tarde.

Rosarinos disfrutando del Paraná a la tarde de un día de semana

Además tenemos la suerte de vivir frente al río. Despertar y verlo me hace sonreir todas las mañanas. Espero no acostumbrarme nunca a tenerlo tan cerca, porque Rosario no sería Rosario sin el Paraná.

Lo otro que me encanta de Rosario es su gente. Y en particular, el orgullo de su gente. A los rosarinos les resulta natural estar tan orgullosos del lugar donde viven, pero a mí me asombra.  Siempre escucho comentarios de gente que sonríe y me cuenta “Lo que creció Rosario”, “El progreso de la ciudad”, “Rosario é muy linda”, “Las gobernaciones poco corruptas de Rosario”, “El crecimiento de la ciudad en lo último 20 años” – todo sin “eses”. Nunca había conocido una ciudad donde sus habitantes estuvieran tan orgullosos de vivir ahí. El “orgullo rosarino” es increíble y me gusta porque le da una especie de “aire optimista” a la ciudad.

Como todo, Rosario también tiene partes menos lindas y hay algunas cosas de la ciudad a las que todavía no me acostumbro. Que los negocios cierren al mediodía, que todos conozcan a todos, que el 90% de los restaurants sirva pastas, asado o pizza, no tener cerca un barrio como Plaza Serrano y tragarme absolutamente todas las “eses”. Así que de cuando en cuando vamos a visitar a mi familia, nos cargamos de una buena dosis porteña, y nos volvemos, orgullosos, al lado del Paraná.

Estamos perdiendo un partido global

Publicado el 17 de octubre de 2010 — 2 Comentarios

No dejo de sorprenderme de la distancia que otros países de Latinoamérica nos sacan en la tarea clave de atraer inversiones y nuevas empresas.

Arriba está la foto de una publicidad de una carilla que el gobierno de Uruguay saca, semana tras semana, en una de las revistas más prestigiosas del mundo como es The Economist. El título es “Now Team Uruguay Can Also Win For You!”. Tomando como analogía la performance de la Celeste en el mundial de Sudáfrica dice que no sólo quieren ganar en fútbol sino también en el mercado global de inversiones:

Now we want to compete for your investments. Team Uruguay offers to bring the same winning spirit and principles that drive our success to enhancing yours.

Mientras, por nuestras tierras los K alientan a la corporación sindical de Moyano e intimidan a la prensa y los empresarios. Con independencia de las ideologías, muchas veces me pregunto que gobierno inteligente del mundo quisiera que los inversores piensen que son anti empresa. Ninguno que esté en sus cabales.

Sin embargo, acá, por ignorancia, cultura de aislamiento o quién sabe bien por qué, nuestro gobierno se empecina en generar incertidumbre para la inversión. Alguién le tendría que decir a Cristina que son las empresas quienes generan la riqueza que paga sueldos, impuestos y todo lo demás.

Uruguay refiere, en su publicidad del Economist, a un sitio web llamado TeamUruguay.com. Ahí se detallan 10 razones por las que el país es una buena alternativa de inversión. En Argentina podríamos empezar con una sola estrategia: construir predecibilidad. Nada complica más a los proyectos de inversión que la incertidumbre que se vive hoy respecto a las reglas de juego. Mientras la cosa siga así los vecinos Uruguay, Brasil y Chile nos van a seguir ganando el partido.

Seguir la propia vocación

Publicado el 12 de octubre de 2010 — 1 Comentario

Como todos saben a estas alturas, el jueves pasado el escritor peruano Marios Vargas Llosa recibió el premio Nobel de literatura.

La noticia nos sorprendió en la ruta viajando para Mendoza. Con Euge nos pusimos muy contentos porque lo sentimos como un reconocimiento a la cultura de toda latinoamérica. Además leímos algunos (pocos) de sus libros y nos gustaron mucho. Me acuerdo como Euge se ría sola en la cama, en un crudo invierno Bostoniano, con Pantaleón y las visitadoras.

Yo traté de traerlo en dos oportunidades a una conferencia sobre temas Latinoamericanos que organizamos en MIT. La segunda estuve realmente cerca, porque él iba a estar en Boston cerca de la fecha por el parto de su hija Morgana, que en ese momento vivía en la ciudad. Al final se complicó como en general se complican las agendas de tipos tan relevantes. Me agradeció la invitación a través de su secretaria, pero yo me quedé con las ganas.

Ayer mientras manejaba el trayecto de vuelta desde Mendoza a Rosario, Euge me leyó un artículo que Vargas Llosa escribió para el diario El País, dónde relata sus primeras vivencias luego de que le anunciaran el premio. El texto es genial, y logró emocionarme a pesar de lo cansado que yo estaba de tanto esquivar camiones en la ruta. Les recomiendo leerlo todo, pero para el blog me robo la parte esencial donde habla de la vocación:

Pensé en el tío Lucho, que, en ese año feliz que pasé en su casa de Piura, el último del colegio, escribiendo artículos, cuentecitos y poemas que publicaba a veces en La Industria , me animaba incansablemente a perseverar y ser un escritor, porque, acaso hablando de sí mismo, me aseguraba que no seguir la propia vocación es traicionarse y condenarse a la infelicidad.

(…) Y pensé lo increíblemente afortunado que yo he sido en la vida por seguir el consejo del tío Lucho y haber decidido, a mis veintidós años, en aquella pensión madrileña de la calle del Doctor Castelo, en algún momento de agosto de 1958, que no sería abogado sino escritor y que, desde entonces, aunque tuviera que vivir a tres dobles y un repique, organizaría mi vida de tal manera que la mayor parte de mi tiempo y energía se volcaran en la literatura, y que sólo buscaría trabajos que me dejaran tiempo libre para escribir. Fue una decisión algo quimérica, pero me ayudó mucho, por lo menos psicológicamente (…)

Organizar la vida de tal manera que la mayor parte del tiempo y energía se dediquen a la vocación: que lujo y que necesidad. Me voy a permitir disentir en una parte con el premio Nobel. No es una decisión tan quimérica sino la más segura si el objetivo final es la felicidad.