Les tengo que decir que hay una buena nueva tendencia: dedicarte a lo que te gusta, y hacerlo realmente bien, como un profesional sin importar que sea. La condición es que te tiene que apasionar.
Este cambio de actitud, al menos en USA, aparece en parte como consecuencia de la gran crisis económica del 2008. Muchos tipos apostaron a laburos muy sacrificados y nada interesantes (i.e. banca de inversión) para verse en la calle de repente. Pero también hay un tema filosófico, la gente se está dando cuenta que hacer algo gratificante es una parte fundametal de vivir bien la vida.
La tendencia me encanta. El ejemplo que tengo a media cuadra de casa: Clover Food Truck. Un ex-alumno de MIT, que podría elegir casi cualquier trabajo que quisiece, se puso un camión de comidas al paso. Lo explica asi en el blog:
We’re here to make food you love, the kind you talk about and look forward to eating. The Clover Food Truck is going to be serving up a new type of fast food. This food is local, it’s just-cut, when we can it will be organic.I always loved the food trucks at MIT when I was a student. September 2008 I thought: what better way to kick things off pre-restaurant than with a truck of our own. A bunch of things fell into place and here we are.
Lo groso de Clover es que hacen de este negocio que parece bien básico algo muy profesional. Ejemplos: te toman el pedido en la vereda desde un iPhone con un app que desarrollaron especialmente para el caso, o si preferís pre-ordenar podés mandar un mensaje de texto con tu pedido. Otro: hacen acciones de marketing que hasta envidiaría Wal-Mart: decoración temática de la vereda en ocasiones especiales por ejemplo Thanksgiving, tastings de nuevos productos, posters con muy buen diseño que ponen en todo el barrio para llamar la atención, etc. Por supuesto tienen su blog y su usuario de twitter. Comparten con los clientes datos de las operaciones, como ven abajo en la curva pintada en el truck, con los tiempos de espera a distintos momentos del día, asi los clientes saben cuando les conviene ir

En definitiva, convirtieron algo que parece low tech como la venta de comida en un truck en un negocio evolucionado. Por supuesto que después la tienen que remar todos los días (por ejemplo ahora con el frío la demanda les baja mucho). Pero más allá de los vaivenes respeto mucho a todo aquel que, como los de Clover, hacen lo que aman y lo hacen dejando el 100%, con profesionalismo y dedicación.
Este es mi deseo para el 2010: que cada vez más gente pueda ser feliz haciendo lo que ama.
En la foto de abajo: mi amigo Guido ordenando su sandwich en Clover. Cada vez que trabajamos cerca del truck vamos.

Imagen por inaqui
En el último Economist hay una muy buena nota sobre lo que significa ser extranjero en el mundo de hoy. Siendo yo mismo un extranjero en Boston hace casi 4 años me sentí identificado con muchas de las ideas. Se me ocurrió repasarlas acá y contar mi perspectiva sobre cada una.
For the first time in history, across much of the world, to be foreign is a perfectly normal condition (…) the foreign-born average in the rich world is over 8% of a given population.
Esto no puede ser mas cierto en Boston. Algunos la llaman la Atenas de Estados Unidos por la cantidad de Universidades y centros de educación que hay. El corolario: gente de absolutamente todos los países del mundo. Ser extranjero acá es más la regla que la excepción. No se los números exactos pero sin dudas estamos mucho más arriba que el 8% promedio, más cerca del 30% estimo.
…all other things being equal, foreignness is intrinsically stimulating. Like a good game of bridge, the condition of being foreign engages the mind constantly without ever tiring it. John Lechte, an Australian professor of social theory, characterises foreignness as “an escape from the boredom and banality of the everyday”. The mundane becomes “super-real”, and experienced “with an intensity evocative of the events of a true biography” (…) living in a foreign country can evoke many of the emotions of childhood: novelty, surprise, anxiety, relief, powerlessness, frustration, irresponsibility.
Concuerdo 100%. Si hablamos de los emigrantes por elección (no los que se fueron por la falta de oportunidades en su país de origen o por exilios políticos, etc) llegar al nuevo país tiene un componente de aventura y adrenalina que estimula muchísimo. No hay días aburridos. Descubrir la nueva cultura es fascinante. Aún después de haber pasado la adaptación inicial el estado de alerta persiste. Las rutinas del extranjero, al menos en mi caso, nunca son comparables a las rutinas de tu país de origen. Siempre tenés una veta de riesgo, de imprevisibilidad, de descubrimiento, las cosas nunca son un acto reflejo sino que se hacen con un nivel de awareness (no se como traducirlo) que uno no tiene en su hogar.
Perhaps foreigners are, by their nature, hard to satisfy. A foreigner is, after all, someone who didn’t like his own country enough to stay there. Even so, the complaining foreigner poses something of a logical contradiction. He complains about the country in which he finds himself, yet he is there by choice. Why doesn’t he go home?
De nuevo, aclaremos acá que se habla de los extranjeros por elección. Mi experiencia es que si, somos difíciles de satisfacer, y por eso la búsqueda de otros horizontes. Respecto a la queja, no me la banco mucho. Ni hacia el país que te recibió ni al que dejaste. De los emigrantes Argentinos en Boston, la segunda es la más común, y por eso me veo varias veces en la posición de recordarles a mis amigos de acá las partes positivas de la vida en Argentina. No hay que caer en la idealización de lo extranjero tampoco, no es necesario para apreciar lo positivo.
But we cannot expect to have it all ways. Life is full of choices, and to choose one thing is to forgo another. The dilemma of foreignness comes down to one of liberty versus fraternity—the pleasures of freedom versus the pleasures of belonging. The homebody chooses the pleasures of belonging. The foreigner chooses the pleasures of freedom, and the pains that go with them.
El artículo es genial porque cierra con el punto clave de la emigración. Al principio en extranjero siente que tiene las dos cosas: la libertad de un mundo donde no te conoce nadie y también el hogar, que está listo para recibirte de nuevo cuando quieras pegar la vuelta. Pero al pasar el tiempo el trade off se hace cada vez más claro. Ya el hogar empieza a resultar ajeno, los amigos cambiaron, la familia tiene rutinas que no te incluyen. Si pensás tener hijos y crecen en otro país la pertenencia se diluye aún más. Por eso hay un momento donde esta decisión de pertenencia versus libertad tiene que ser tomada.
Con Euge vamos a volver a Rosario por elegimos la pertenencia. Pero creo que ambos pensamos (quizás con ingenuidad, no sé) que es posible combinarla con un grado de libertad aprendido y bien ejercido acá y al que no queremos renunciar. Se nos ocurren maneras de llevarlo acabo. En un par de años podré escribir sobre si tal cosa es posible.
Ayer se murió Paul Samuelson, economista leyenda y autor del libro de texto más leído de la historia. Cuando me enteré de la noticia me vino de inmediato a la mente uno de los momentos más memorables de mi paso por MIT. Un viernes cualquiera de fines de 2006, comiendo ensaladas sin que nadie les llevara el apunte, me los encontré a Samuelson y Solow y me puse a charlar con ellos por 5 minutos. Por supuesto que describí la experiencia en un post que fue uno de los más leídos del blog. Lo que más me sorprendió en ese momento fue la sencillez y humildad de estos personajes. Nunca me hubiera imaginado que dos premios nobel serían mas accesibles que los mismos estudiantes. En el artículo que ayer hoy le dedicó el New York Times también destacan la misma virtud:
Despite his celebrated accomplishments, Mr. Samuelson preached and practiced humility. The M.I.T. economics department became famous for collegiality, in no small part because no one else could play prima donna if Mr. Samuelson refused the role, and, of course, he did. Economists, he told his students, as Churchill said of political colleagues, “have much to be humble about.”
Samuelson era un grande de verdad y fue un lujo encontrármelo en MIT. La foto de aquel momento esta entre mis preferidas:
